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No hay almuerzo gratis

Mientras el país haga planes de desarrollo inmediatistas, sin adoptarlos como políticas de Estado a largo plazo, la economía seguirá sometida a toda clase de sobresaltos.

hace 28 minutos
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Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Tiene razón el exdirector de Planeación Nacional, Jorge Iván González, cuando en días pasados sostuvo que en Colombia los planes de desarrollo no tienen continuidad. El país, dice, cambia cada cuatro años de línea de acción y “esto es un error enorme”.

Por eso el país no sale de incertidumbres e incoherencias en la conducción de un desarrollo económico, armónico y consistente. No tiene un plan a mediano y menos a largo plazo, que sea ejecutado en el tiempo, con sus ajustes necesarios y justificables, por cada mandato presidencial. Esos saltos mortales, fruto de improvisaciones, le salen caros a su economía. Son planes cosidos como colcha de retazos y por cuyas burdas costuras se ve la mala calidad de tejidos que conforman el bordado.

Ante la carencia de consistencia en los programas de desarrollo, de visiones a largo plazo, de planificaciones en el uso de presupuestos públicos, se descontrolan las metas de desarrollo. Desbordado el gasto, los gobiernos impróvidos se ven en calzas prietas de manejarlo, ya porque lo despilfarraron con raponerías y escándalos, ya por incapacidad profesional de sus ejecutores. Es un gasto que, de gancho con gobiernos derrochadores como el anterior, constituye un pasivo político/económico para las finanzas del país.

En el anterior gobierno se despilfarró a manos llenas. Y como lo dice su exdirector de Planeación, González –quien salió a los estrujones al año y medio de haberse iniciado el régimen populista–, el gasto se manejó con ineficiencia, sin saber dedicar recursos disponibles a “proyectos estratégicos con sentido y contenido regional”, que sí funcionan en un sistema de gobierno descentralizado.

Reducir ahora el gasto es la tarea esencial de la presente Administración. Es condición necesaria pero no suficiente. Creer, según Anif, “que lograr la estabilización plena solo con un paquete de recortes al gasto, es muy difícil”. Es una ilusión óptica. Sin tocar impuestos, “no es fácil estabilizar la deuda”. Hay desembolsos que son inaplazables para la marcha normal del Estado. Erogaciones que se harán más pesadas para financiar, máxime si no se eliminan tantas exenciones y deducciones que le representan al erario ingresos malogrados por valor de $120 billones anuales.

Surge, además, el interrogante, que podría enturbiar más el panorama fiscal, de cuáles serían las condiciones que impondría el FMI para otorgar 20.000 millones de dólares –70 billones de pesos– que se requieren de entrada para sacar del pantano la coyuntura fiscal del país. En economía no hay almuerzo gratis.

Mientras el país siga haciendo planes de desarrollo inmediatistas, a la medida de cada gobierno, sin adoptarlos como políticas de Estado a largo plazo, la economía colombiana seguirá sometida a toda clase de sobresaltos y de ingratas sorpresas.

P.D.: No resistió el presidente de la Andi, hombre aséptico, la presión del Tigre. Lo sacó a estrujones de la institución. 4Con su salida, dado el fuerte talante del primer mandatario, se demuestra que el que se mueva, no queda en la foto. Los gremios, con posturas dubitativas, han perdido poder político. Ya no tienen la fuerza de antes.

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