“Cuando veo a Caterine triunfar se me eriza la piel y me dan ganas de llorar de felicidad. Y saber que un día la eché del estadio de atletismo Santiago Santacruz Rambay de Apartadó porque en ocasiones se pasaba del límite; debía aprender la lección y entender que la indisciplina no era el camino indicado para llegar al éxito, y lo comprendió.
Alegre, soñadora, dedicada, recochuda, pero sobre todo talentosa, así recuerdo a la deportista, quien me dejó con la boca abierta la primera vez que la vi competir.
La historia con ella comenzó en el año 1997. Como de costumbre, haciendo chequeos por los colegios del municipio, llegamos a la institución educativa San Francisco de Asís, donde estudiaba.
Se presentó a las pruebas de velocidad (60 metros), tenía 12 años, y sorprendentemente les ganó en la final a las niñas de 13, 14 y 15 de edad. Entre 250 o 300 damas fue la más rápida. Ese día descubrimos un diamante, pero había que trabajarlo para que pudiera brillar.
La cité al estadio para que empezará a entrenar. De inmediato se alegró pero me dijo que primero debía consultar con su abuela Oyola.
De hecho, la señora le dio el permiso, pero con una condición, que nunca descuidara el estudio.
A los dos días empezó a entrenar conmigo, y tres después participó en su primera competencia municipal. En esta me dejó aún más asombrado.
En su debut en salto largo venció con una marca de 5.25 metros, entonces le empecé a poner más cuidado porque debía prepararla para los campeonatos departamentales.
Era muy juiciosa, me sorprendía que siempre deseaba ganar, eso le permitía llegar temprano a los entrenamientos, pero también que le gustaba hacer lo que le ponía. Nunca decía no a la variedad de trabajo. Un día se hacían pruebas de velocidad, luego de saltos, vallas y así sucesivamente, pero jamás chistaba, quería ser la mejor.
Aunque también, por su edad, algo normal, molestaba con los compañeros y muchas veces creaba desorden. Por tal motivo la tuve que regañar y decirle que no volviera a los entrenamientos. Salió llorando, pero al otro día retornó con su abuela para que la aceptara de nuevo. A partir de ahí fue otra, adquirió más responsabilidad.
Entrenaba con los zapatos de educación física del colegio y, algunas veces, por comodidad lo hacía descalza.
En los torneos se debía rotar con sus compañeros los spikes -zapatillas de atletismo- para que pudiera competir.
Tres meses luego de encontrarla, ganó cinco medallas: dos de oro (relevos 4x75 y 4x400 m), y tres de bronce (75 m., 150 y salto largo) en su primer Departamental en Medellín. Al siguiente, también en la capital paisa, barrió en sus pruebas. Desde ese momento no volvió a perder en Antioquia.
Como veía su buen rendimiento, me conseguí unos spikes, marca Nike, para ella sola. Pero tenía tanta potencia que me los devolvió despegados, me enojé mucho y la regañé, ya que era muy difícil, como sigue siendo ahora para los jóvenes de la población, conseguir unos zapatos para competir. Luego la entendí, porque en realidad sus cualidades eran asombrosas.
Por sus condiciones se la llevaron para Medellín en 1999, vivió en la Villa Deportiva ocho meses, pero no aguantó las reglas del lugar, no estaba preparada para ese cambio. Se aburrió porque decía que vivía en una cárcel, y era comprensible, porque estaba acostumbrada a la vida de Urabá: estudiar, entrenar y compartir con la familia y amigos.
En la Villa era diferente y no se adaptó al sistema, ese fue uno de los grandes problemas de muchos atletas de la zona, porque salir antes de los 15 años de sus hogares y concentrarse permanentemente en un lugar como tal no es fácil; por fortuna ya se está trabajando en esa adaptación desde aquí con los centros de desarrollo deportivo.
Sin embargo, Caterine no dejó de soñar y siguió entrenando conmigo, de hecho, en el 2001, en un Nacional en Medellín, y en su primera aparición en salto triple, batió 5 récords nacionales.
En 2003, con 19 años y dueña de 11 marcas nacionales y una bolivariana, en diferentes pruebas, se dio cuenta de que si quería tener una opción de vida por medio del atletismo debía salir de Apartadó. Aunque le costó tomar la decisión, lo hizo cuando ese año llegó a Medellín la profesora cubana Regla Sandrino, una persona de alto nivel.
Caterine llegó alto por sus ganas de salir adelante. Su mejor aliada fue la disciplina, rescato que no era noviera, solo se dedicaba al deporte, por eso llegó lejos. Su dedicación, esfuerzo, sacrificio, unidos a su fuerza física y mental le permitieron salir adelante. Me llena de alegría que aporté un grano de arena para que esta gran deportista lograra la gloria deportiva. Caterine es un ejemplo a seguir”.