Caifanes llega a Colombia como una de las bandas fundamentales del rock en español. A finales de los 80 y comienzos de los 90 canciones como Mátenme porque me muero, La célula que explota, No dejes que, Nubes, Afuera o Aquí no es así, hacían parte de la radio a diario y se volvieron temas de la banda sonora generacional de esa época.
La agrupación mexicana ha sufrido altibajos, se han ido algunos integrantes, han llegado otros. De Alejandro Marcovich no se habla mucho tras salir de la banda en 2015 y mientras hoy se recupera tras haber sufrido a comienzos del año un derrame cerebral.
Hoy Caifanes lo integran el vocalista y guitarrista Saúl Hernández; el baterista Alfonso André; el tecladista y saxofonista Diego Herrera, como los fundadores del grupo, y los acompañan el guitarrista Rodrigo Baills y el bajista Marco Rentería.
Este domingo, Caifanes se presentará en Bogotá, en el marco del Festival Cordillera, en una nueva visita a un país con el que sus integrantes han construido una relación de décadas. La banda también regresará a Medellín el 11 de abril de 2027, cuando se presente en Chamorro City Hall El Rodeo, como parte de su recorrido por Colombia.
EL COLOMBIANO conversó con Diego Herrera, uno de los integrantes fundadores.
¿Qué recuerdos tiene de sus primeros conciertos en Colombia en los años 90?
“La verdad muy pocos. En esa época éramos unos chavos (muy jóvenes) y nos estábamos comiendo el mundo. Imagínate que de repente dijimos: ‘Güey, vamos a hacer una banda’. Yo tengo aquí una grabadora, un teclado. Nos juntamos en un cuartito pequeñito de azotea y empezamos a hacer esto. Fue por las ganas de tocar, únicamente por las ganas de hacer música. Te soy franco, de muchas cosas de esa época no me acuerdo, pero hay varias después de los 2000 que sí”.
¿Cómo cuáles?
“Cuando tocamos en Colombia en el 2012, o 2013, fue muy conmovedor encontrarme con la gente de esa manera. Me acuerdo que pusimos un pie en el escenario y decía: ‘¿Qué es esto?’. Recuerdo a la gente emocionada, cantando las canciones. En ese momento sentía ganas de llorar y hoy al recordarlo contigo me conmuevo nada más de decírtelo”.
Con los años, además de fanáticos fieles, ustedes han construido una amistad con músicos y artistas colombianos. ¿Cómo ha sido esa relación?
“Debo decir soy un fan de escritores de aquí bestiales: Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad y también tengo una bonita relación con los músicos colombianos. Esa es una de las grandes virtudes de la música: que se salta todas las barreras que uno pueda construir con sus armaduras para cuidarse el corazón. Habiendo tan pocos espacios en este mundo que hemos creado del internet, las pantallas y demás, para mí es de agradecer poder estar en ese espacio con las armas abajo, vulnerable”.
¿Cómo ha sido esta gira, después de tantos años tocando las mismas canciones, pero también incorporando algunas nuevas?
¿Cómo deciden las canciones que entran y salen del repertorio?
“Depende. Checamos qué pasó la última vez que estuvimos ahí. Si hay dos fechas, hay gente que repite, entonces tratamos de que el que repite no se aviente el programa igualito. Metemos cuatro o cinco canciones que puedan escucharse diferente. También hay una parte que tiene que ver con el gusto.
Hay otra en la que creas una dinámica de energía y de tiempo de las canciones. Hay canciones que claramente no podemos dejar afuera. Somos una banda que en vivo se mueve a muchos lados. Tratamos de estar lo menos amarrados a computadoras y cosas de esas para poder movernos a donde sea. Somos de esa escuela: un amplificador, nos conectamos los dos ahí, la batería de Alfonso y vámonos. Al principio salimos con un set de 20 o 25 canciones previamente decidido que puede variar”.
Caifanes y otras bandas de su generación dejaron canciones que siguen formando parte de la vida de muchas personas. ¿Por qué cree que ocurrió eso con el rock en español de esa época?
“Fuera del entorno de lo que estábamos haciendo, políticamente y socialmente, nos tocó abrir un espacio que no existía en ese momento en México.
Había una cosa que se llamaba Los Hoyos Funky. Era una bodega donde cabrían mil, dos mil personas tal vez. Hacíamos música allí, sucedían estas cosas como clandestinas en México y de repente nosotros tocamos mucho en lugares chiquitos y se abrió el espacio. Las disqueras se dieron cuenta de esto. Entonces esta coyuntura abrió toda una historia nueva.
Aprendimos como público a asistir a los eventos masivos. Antes eran unas batallas campales. Hubo una cierta evolución que permitió que eso empezara a funcionar. Había bandas que apoyaban el asunto, no estábamos solos. Estaba Maldita Vecindad, Los Amantes de Lola, Neón, por decir algunos de esa época. No sé por qué las canciones se quedaron en un momento dado en el corazón de la gente o por qué la gente nos prestó y nos sigue prestando sus oídos durante tantos años. Pero sucedió. Y aquí estamos, a los 60 y tantos años”.
El año pasado lanzaron Y caíste. ¿Qué viene ahora? ¿Habrá un nuevo disco?
“No sé. Obedecemos de repente y nos dejamos llevar por el trabajo y por las ganas de tocar. Antes llegaba la disquera y te decía: “El 15 de agosto quiero 10 canciones”. Y órale.
Ahora tenemos más libertad. Queremos, estamos planeando antes de que acabe el año grabar más cosas y poder juntar siete u ocho canciones, o diez canciones, como fuera un disco. Como lo pensábamos antes, no canciones sueltas. Yo soy más de esa onda de poder escuchar un disco completo. Y, regresando a tu pregunta, es probable que —no sé si se llame disco— sean varias canciones juntas, algunas de las que ya sacamos y algunas nuevas que vamos a grabar. Estamos con esa idea”.
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