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Cultura | PUBLICADO EL 25 enero 2022

El Hay Medellín propone incomodarse

Comienza un nuevo capítulo del evento, y habla de rebeldía, movilización social y el estado de la democracia y la economía.

  • Hugo Jamioy durante el conversatorio del Hay Festival Jericó 2022. FOTO CORTESÍA COMFAMA
    Hugo Jamioy durante el conversatorio del Hay Festival Jericó 2022. FOTO CORTESÍA COMFAMA
  • Hugo Jamioy durante el conversatorio del Hay Festival Jericó 2022. FOTO CORTESÍA COMFAMA
    Hugo Jamioy durante el conversatorio del Hay Festival Jericó 2022. FOTO CORTESÍA COMFAMA

No solo Colombia ha pasado momentos difíciles en términos sociales, el fenómeno es global. Tanto así que una de las invitadas al Hay Festival de Medellín, Julia Cagé, profesora asociada de Economía en el Instituto de Estudios Políticos de París, se dedica a analizar las amenazas en el mundo a la democracia, sistema político que durante años se ha entendido como sinónimo de libertad y justicia.

Cagé además estudia el papel de los medios de comunicación y plantea soluciones de financiación para que los diferentes actores recuperen la independencia que puede ser parte de la solución a los problemas actuales como la susceptibilidad a la manipulación por intereses económicos.

El también francés Thomas Piketty aportará a la conversación en Medellín el retrato de la crisis social y económica, desde su perspectiva que se ha podido leer en títulos como El capital en el siglo XXI y ¡Viva el socialismo!.

Otro problema global es el tema de la salud, más allá de lo evidente que trae el coronavirus, el Hay propone analizar la industria en torno a ella, a partir del trabajo de Patrick Radden Keefe, periodista de The New Yorker y autor del libro El imperio del dolor, sobre los Sackler, una da las familias más ricas del mundo, con intereses en la industria farmacéutica, cuyos productos son señalados de tener parte en la crisis de los opioides de los Estados Unidos. Al enfocarse en el lucro, más que en el bienestar, la industria de la salud puede equivocar el camino.

Sobre el tema igual reflexiona la filósofa Adela Cortina, quien cuestiona la dimensión ética del covid-19 y las posibilidades de encontrar un futuro sostenible al superar la pandemia.

En la escena local, el malestar se manifiesta en la necesidad de diferentes colectivos de rebelarse y desobedecer, un tema que desde las artes conversarán Pedro Adrián Zuluaga, Diana Carol Forero y Guillermo Correa; Vanessa Rosales y Marta Nebot desde el feminismo, y Ali A.K.A Mind y Leonard Rentería con María Camila Moreno, desde el activismo social

Una lengua para pensar bonito
En Colombia hay 65 lenguas que corresponden a los 115 pueblos indígenas que habitan el territorio. La lengua hace parte de la identidad y se encuentra amenazada por los avances de la globalización. “No quiere decir que estemos dando una disculpa, para no asumir tareas en los procesos de formación, es nuestra responsabilidad y empezamos a ser conscientes de eso”, afirmó el poeta Hugo Jamioy de la comunidad Camëntsá del Valle de Sibundoy en el Putumayo, en entrevista durante el Hay Festival de Jericó.

Difundir el saber colectivo a través de la poesía es la propuesta de Hugo. En camëntsá no hay una palabra equivalente para poesía, sino que se refiere a “botamán cochjenojuabó”, cuya traducción sería “palabra bonita”. Dentro de la formación en camëntsá, a los nuevos hablantes se les enseña que todo lo que digan debe corresponder a la realidad, debe tener un equivalente físico así sea espiritual, para que no quede sombra de duda. De ahí que cada palabra debe venir con una buena intención y ser consecuente con las acciones. La palabra bonita, es decir, la poesía, no es un género literario sino es la forma de expresión de la comunidad y fue una invención de los mayores.

Por eso la poesía de Hugo, que tiene tres libros y ha sido traducido a cuatro idiomas, no es solo suya, sino que es una recopilación de saberes y tiene el permiso de publicarla. La poesía tiene que ver con la “búsqueda del espíritu de la palabra, no se trata de una literalidad superficial, sino de ir mucho más allá de lo que quisieron decir nuestros mayores. Tienes que poder plasmar tu intuición y tratar de convencer a la comunidad, porque son los primeros que tienen que aprobar. Ellos dicen si el poema no está listo o si no se entiende bien”.

La familia y la comunidad tienen una conexión profunda, y es solo desde lo colectivo que se pueden llevar a cabo los proyectos. Jamioy, que escribe en camëntsá y en español, cuenta con su hermano como traductor para los libros, que suelen tener ediciones bilingües. Una de ellas, Danzantes del viento, hace parte de la Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia, hecha por el Ministerio de Cultura, y se puede descargar en línea de forma gratuita.

Por eso, para Jamioy, es importante que la comunidad hable más camëntsá que español. En estos momentos no es así, porque los niños hacen parte del sistema educativo nacional y usan más el castellano. Esto también tiene relación con el trato despectivo que reciben las comunidades, como castigos por hablar su lengua. “Eso afecta la autoestima y el orgullo de nuestra cultura. Nuestros niños sienten vergüenza, se sienten menos porque están hablando otro idioma, tratan de esconderse o disimular los rasgos que los identifican como indígenas”, cuenta Jamioy, que con su trabajo trata de contrarrestar el fenómeno con lo que sabe: pensar, hacer y hablar bonito.

María Antonia Giraldo Rojas

Periodista cultural del área de Tendencias de EL COLOMBIANO.

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