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Antioquia | PUBLICADO EL 20 mayo 2020

Libros leídos del pasaje la Bastilla vuelven al ruedo

Ahora cuentan con servicio a domicilio y planean adoptar una página web con un catálogo de más de 4.000 títulos.

  • La necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos llevó a los libreros de esta zona del Centro a organizarse y a aplicar herramientas tecnológicas para no desaparecer. FOTO manuel saldarriaga
    La necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos llevó a los libreros de esta zona del Centro a organizarse y a aplicar herramientas tecnológicas para no desaparecer. FOTO manuel saldarriaga
  • La necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos llevó a los libreros de esta zona del Centro a organizarse y a aplicar herramientas tecnológicas para no desaparecer. FOTO manuel saldarriaga
    La necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos llevó a los libreros de esta zona del Centro a organizarse y a aplicar herramientas tecnológicas para no desaparecer. FOTO manuel saldarriaga
Por maria paula hernández b.

Noemí Franco ha dedicado más de 30 años a la venta de libros en el pasaje La Bastilla. Llegó con 35 años y cinco hijos bajo su cuidado. Tenía un toldo en la plazuela Uribe Uribe y, por su condición de madre soltera, consiguió un espacio en el naciente Centro Comercial del Libro y la Cultura a inicios de los años noventa. “Soy una de las fundadoras”, dice orgullosa, entre otras, porque su local se convirtió en la fuente de ingresos con la cual, libro a libro, pudo comprar una casa y sacar adelante a su familia. “Los libros eran un mejor negocio antes. Pero desde que llegó el internet, todo cambió”.

Sin embargo el internet, ese nuevo compañero incómodo que pareció poner en jaque a los libreros del centro, se ha convertido ahora en un aliado. Tras la flexibilización de las medidas de aislamiento obligatorio en el país y la inclusión de las librerías entre los sectores autorizados, el centro comercial ubicado sobre el pasaje La Bastilla abre sus puertas de nuevo. Esta vez, de la mano de las redes sociales para ofrecer servicio a domicilio.

En su página de facebook, el centro comercial ha dispuesto el directorio de sus diferentes librerías, y varias de ellas ya tienen cuentas de Instagram en las que promocionan sus títulos “a la mitad de lo que una persona los puede conseguir en otros lugares”, expresa Claudia Goez, hija de Noemí y heredera del oficio (@antioquia.librería).

Yeison Bedoya, presidente de la Asociación de vendedores de libros de Antioquia (Avelan), explicó que para esto, el colectivo de libreros del centro comercial ha diseñado un estricto protocolo de bioseguridad. El personal podrá entrar entre las 10:00 a.m. y las 4:00 p.m. Durante la jornada habrá dos horarios en los que se despacharán los domicilios o, en su defecto, se entregarán los libros en la puerta del centro comercial.

“No estará permitido el ingreso del público. Los libros que no se despachen por domicilio, podrán recogerse solo en dos horarios: a las 1:00 p.m. y a las 4:00 p.m.”, señaló Bedoya.

El aislamiento al interior del centro comercial se garantizará, indicó, reduciendo al mínimo la presencia de personas. “Solo podrá haber quince libreros al mismo tiempo en el edificio, escalonando los turnos por días de la semana, y se delimitará el espacio de un metro que deben conservar entre uno y otro”.

También habrá microfumigaciones generales y desinfección de personal cada tres horas, y será obligatorio el uso de tapabocas y guantes, como lo reza el documento del protocolo.

Todos para uno

Algunos de los libros que provienen de otras ciudades están tardando más en llegar, asegura Goez. Y esto, aunque en un principio les generó dificultades, terminó por incentivar el trabajo colectivo.

“Tenemos un grupo de WhatsApp y si alguno no tiene un título, le pasa el pedido a los otros. Antes trabajábamos de manera más individual”, indica. De hecho, agrega Bedoya, tras la experiencia positiva que tuvieron ofreciendo un catálogo colectivo en la Feria Popular Días del Libro, que tuvo lugar el fin de semana pasado, se han animado a emprender el proyecto de crear una página web que canalice pedidos para todos.

Trabajar en un sitio web colectivo, incluso, permitirá impulsar las ventas de los libreros de mayor edad, cuya adaptación al mundo de las redes sociales ha sido más lenta, explica Bedoya.

“Tenemos tres generaciones de libreros. Los de la primera generación son personas que tienen entre 60 y 90 años”. Pero hay quienes se han adaptado.

Gilberto Galvis, por ejemplo, a sus 70 años está estrenando cuenta de Instagram: @libreria_peregrino. Y aunque piensa que “no hay como el contacto directo con la gente y el calor humano de hablar, aprender y transmitir algo”, asegura que “ese será el futuro. Porque este centro comercial no se puede dejar acabar”.

Libros para todos

Con 70 locales en un solo lugar, el Centro de Libro y la Cultura es “la librería más grande que tenemos en Medellín”, asegura Galvis, librero de vocación. “Siempre me gustó la lectura y con los años entendí que mi única posibilidad era dedicarme a los libros”.

Por eso se declara “guardián del arte de los libros que nunca se acaban”, y explica que este lugar en el corazón de Medellín es de los puntos más importantes para la cultura de la ciudad y de los municipios aledaños.

“No se puede acabar porque nuestros libros llegan hasta todos los rincones de la ciudad”, indica, y su voz se suma a la de Claudia, quien explica que, debido a sus precios bajos, el Centro Comercial del libro es un lugar donde siempre habrá letras para todos .

70
locales tiene el Centro del Libro y la Cultura, que opera desde hace una década.

Contexto de la Noticia

Paréntesis De puertas para afuera

Sobre el pasaje la Bastilla, justo al frente del Centro Comercial del Libro y la Cultura, se ha establecido también un punto de comercio informal de libros. Algunos de ellos, asegura Bedoya, eran libreros del centro comercial que salían para aproximarse más a los compradores y, para evitar esto, el protocolo de bioseguridad prohíbe la comercialización a las afueras del edificio.

Sin embargo, muchos otros son libreros informales que llevan también décadas ejerciendo su oficio en las calles, y en cuarentena continúan a la deriva. Es el caso de Carlos Mario Salazar, quien no ha recibido ayudas porque vive en estrato cuatro, “pero mi familia depende de esto para comer”. Lleva tapabocas y guantes, es su propio protocolo de bioseguridad. “Yo me cuido porque nadie más lo va a hacer. Llevo 25 años vendiendo libros en este lugar, pero para la Alcaldía soy un vendedor informal más”.

Maria Paula Hernández Bergsneider

Periodista del Área Metro. Interesada en pensar y narrar la ciudad desde un enfoque investigativo y humano.

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