“Virgencita bendita, llévame pa’ tu casita que ya he luchado mucho en esta vida”, esta fue alguna de las últimas palabras que en vida expresó María Isabel Ospina Ortega –más conocida como Chavita– una centenaria barboseña y tal vez una de las mujeres más viejas del departamento, que falleció el pasado fin de semana.
La historia de Chavita la contó en octubre de 2022 el genial cronista Gustavo Ospina, quien narró que ella nació un lunes 1 de octubre de 1917 en la vereda Mocorongo, en los límites de Barbosa y Donmatías. Era hija de Alfredo Ospina y su esposa Teresa Ortega. María Isabel, era la segunda hija detrás de Alfredo, el mayor de la casa. En total fueron nueve hijos, de los que hoy solo queda Herminia, quien ya tiene un siglo a cuestas.
Haber presenciado dos guerras mundiales y vivido en Colombia los gobiernos de 36 presidentes, incluida una junta militar, son hechos que ni inmutaron a Chavita, nacida en una familia campesina, dedicada a cultivar, criar vacas y a quererse mucho.
Chavita fue una mujer que hasta el último día gozó de una buena memoria y un carácter risueño. Aunque ‘Chavita’ no se casó ni tuvo hijos, siempre dejó claro que hombres no faltaron asediando la finca en Mocorongo o la casa familiar del centro de Barbosa para cortejarla.
Chavita contestó muy sobria y con mucha claridad ese día: “Yo sí conversé con muchos, pero no sé qué pasó”.
María Isabel vocalizaba perfecto y con frases claras. No había que gritarle duro para que entendiera las preguntas. No la aquejaba ninguna enfermedad. “Nunca me ha dolido la cabeza ni nada, lo único que me dio son canas, ja ja ja”, dijo en ese entonces.
En el intento por descubrir por qué tanta longevidad acompañada de buena salud se le preguntó a ‘Chavita’ en broma que si el secreto ha sido tomar aguardiente. Ella, con gesto de indignación, dice sin titubear: “¡Ay no! Yo de eso no tomo, no señor. ¡Nunca! Ni ron ni cerveza ni nada”.
María Isabel pudo haber sido la mujer más vieja de Antioquia y seguro está entre las más ancianas del país. Una longevidad lograda con amor, respeto y gratitud de parte de sus sobrinos –que nunca pensaron en llevarla a un asilo y que siempre la han tenido como un gran ejemplo– y que la mantuvieron activa, caminando, leyendo, tejiendo hasta el último día de su vida.
Por eso, la cercanía de la irremediable cita con la muerte la halló en esa casona de bahareque. Allí su familia, en las horas finales, la encontró orando como la devota y bondadosa hija de Dios y de la Virgen María que siempre fue.
Finalmente, tras unas dos horas de haber sido internada en el hospital San Vicente de Paul de Barbosa, Chavita dejó este mundo.
Los funerales de esa “Mamá grande” para sus sobrinos se celebraron el pasado domingo en la iglesia María Auxiliadora del segundo parque de Barbosa.
Hasta allí llegaron familiares y amigos para despedir a la longeva, pero sobre todo querida y ejemplar mujer de la que seguro se llevan los mejores recuerdos y las grandes enseñanzas que les dejó compartir por tantos años con ella.
Paz en la tumba de Chavita.