Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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Pequeñas figuras surgen como alternativa para quemar por esta época y mantener viva la tradición.
No había que mirar el reloj, cuando comenzaban las explosiones en la calle, las familias se fundían en abrazos y gritaban sin parar que había llegado el Año Nuevo. Eran las 12 de la noche del 31 del diciembre... y entre el fuego, la pólvora y el humo desaparecía en la calle el Año Viejo, un muñeco vestido de sombrero, de cuerpo deforme, con tabaco en la mano y listo para llevarse las tristezas y amarguras de la hoja del calendario que pasaba.
Esa costumbre que acompañó a tantas generaciones en Antioquia y que convocaba a los vecinos de la cuadra a aportar dinero y ropa para tejer entre todos el Año Viejo intentó desaparecer cuando el uso de la pólvora y sus resultados fatales de quemados llamaron la atención de las autoridades y entonces los prohibieron.
Aún así, la tradición se niega a extinguirse. Tan antigua es en Antioquia que no se tienen registros exactos sobre cuándo las comunidades empezaron a adoptar esta costumbre como propia, pero se sabe que fueron los españoles quienes la trajeron...