No había que mirar el reloj, cuando comenzaban las explosiones en la calle, las familias se fundían en abrazos y gritaban sin parar que había llegado el Año Nuevo. Eran las 12 de la noche del 31 del diciembre... y entre el fuego, la pólvora y el humo desaparecía en la calle el Año Viejo, un muñeco vestido de sombrero, de cuerpo deforme, con tabaco en la mano y listo para llevarse las tristezas y amarguras de la hoja del calendario que pasaba.
Esa costumbre que acompañó a tantas generaciones en Antioquia y que convocaba a los vecinos de la cuadra a aportar dinero y ropa para tejer entre todos el Año Viejo intentó desaparecer cuando el uso de la pólvora y sus resultados fatales de quemados llamaron la atención de las autoridades y entonces los...