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La historia de la invasión que está arrasando una reserva forestal en Remedios

En el pueblo hay 4 predios públicos invadidos. Dicen que no se van y que tienen el beneplácito del Gobierno.

  • Desde arriba se hace evidente cómo la invasión ha deforestado lo que era la reserva forestal del municipio. FOTOS camilo suárez
    Desde arriba se hace evidente cómo la invasión ha deforestado lo que era la reserva forestal del municipio. FOTOS camilo suárez
  • Los lotes no ocupados están marcados con nombres. Foto: Camilo Suárez.
    Los lotes no ocupados están marcados con nombres. Foto: Camilo Suárez.
  • En el lote están construyendo casas de madera y plástico. En el lugar están viviendo más de 1.000 personas. Foto: Camilo Suárez.
    En el lote están construyendo casas de madera y plástico. En el lugar están viviendo más de 1.000 personas. Foto: Camilo Suárez.
  • Así se ve el interior de una de las casas recién levantada. Foto: Camilo Suárez.
    Así se ve el interior de una de las casas recién levantada. Foto: Camilo Suárez.
La historia de la invasión que está arrasando una reserva forestal en Remedios
18 de septiembre de 2022
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Arrastrándose indefenso, con dos huesos fracturados, encontraron a un oso perezoso en Remedios. El animal, malherido, buscaba auxilio. Sobre el hecho hay dos versiones, como sucede con todo lo que rodea a la invasión del predio Las Pavas, una reserva forestal del municipio. Desde la alcaldía dicen que al oso le metieron un tiro. Los invasores, que se asentaron en esa tierra, alegan que ellos lo encontraron enfermo y dieron aviso a las autoridades. Esta es una historia de verdades encontradas, contradicciones. Dos realidades pugnan por imponerse.

Todo comenzó en 2018. Ese año, unas familias derribaron bosques y, con sus manos, levantaron ranchos de madera, con paredes de lona verde, a los que llamaron hogar. Fue un fenómeno relativamente menor, que afectó a unas cuantas hectáreas. Pero en este 2022 vino la verdadera crisis. Como en otras regiones del país, cientos de personas se volcaron sobre una tierra prometida, esquiva, a la que creen tener derecho.

Las Pavas, popularmente conocido como La Culebra, es un lote de casi 120 hectáreas que pertenece al municipio de Remedios. Es un terreno irregular, cubierto por vegetación nativa, con una hondonada por donde pasa un río. Es tierra biodiversa; el viento es tibio y advierte sobre la cercanía de las sabanas del Caribe. Desde que se adquirió a un privado, en 2001, se declaró reserva natural. Allí se hacían las liberaciones de animales silvestres y se reforestaba.

A comienzos de este año, en época preelectoral, corrió el rumor de que Las Pavas estaba siendo invadido. El que quisiera podía ir y, con sus manos, armar su rancho. La noticia voló por los pueblos del Nordeste y sus confines y llegó a oídos de Cristina Patiño, una joven desplazada de Maceo. Con su novio, también desplazado, levantó una casa de latas en la que vive hoy.

Los lotes no ocupados están marcados con nombres. Foto: Camilo Suárez.
Los lotes no ocupados están marcados con nombres. Foto: Camilo Suárez.

Y así fueron llegando, todos los días, desvalidos de todas partes, como un indígena del Huila que dice no tener dónde caerse muerto. En una ladera del predio, donde la tierra es amarilla y se desprende con facilidad, hay una mujer embarazada que llegó hace un mes. La violencia y las crecientes del río Cauca la sacaron de su casa, en Tarazá. Entonces, con su esposo y sus dos hijos pequeños, se fue para Medellín, pero hasta allí la persiguió la pobreza. Un día, viendo las noticias, su marido escuchó de un predio en Remedios, un pueblo desconocido para ellos, en el que la gente se estaba asentando a su gusto.

Ahora pasa los días en su rancho; el piso es de tierra pisada, las paredes son lonas verdes de construcción. La mujer cocina y atiende a los hijos, mientras su esposo se la rebusca como mototaxista. Sobre la cama, agobiada, resopla el aire caliente para refrescarse, secándose el bigotito de sudor que se le ha formado.

—Ya estamos acá, qué le vamos a hacer— dice.

La versión oficial

En el pueblo hay un comentario recurrente: los invasores están talando árboles y contaminando “nuestra agua”. Y es que La Pavas, el lote invadido, es también reserva hídrica. Por allí pasa un río del que se abastece el acueducto municipal. Luisa María Estrada, secretaria de Gobierno de Remedios, comenta que desde la alcaldía han tratado de caracterizar a la población que se asentó en la reserva forestal, pero no ha sido posible. Incluso, comenta que una vez intentaron hacerlo, pero escucharon unos disparos y tuvieron que salir del lugar.

Además de Las Pavas, hay otros tres predios, también del municipio, que están invadiendo. En el sector Siete de Agosto están loteando tierras públicas. Adentrándose por matorrales es posible ver espacios de tierra delineados de manera improvisada, marcados con costales y letras rojas con el nombre de los nuevos propietarios. Es decir, los nuevos invasores.

Lo mismo pasa en el sector La Cruzada. O sea, son cuatro predios públicos los afectados. “Dicen que van a desmontar el Esmad y que no los van a sacar. Otros dicen que tienen derecho a esas tierras y que desde el Gobierno Nacional se ha dado vía libre para ocuparlas”, explica la secretaria.

En uno de los lotes invadidos, conocido como La Cruzada, la administración anterior planeaba un proyecto de 260 viviendas de interés social. Sin embargo, la idea no logró salir a flote y la actual alcaldía dice que las invasiones solo complicaron las cosas. Al final, el proyecto se canceló y se incrementó el déficit de vivienda, lo que a la larga puede contribuir a nuevos asentamientos irregulares.

El secretario de Minas y Medio Ambiente de Remedios, Luis Guillermo Cardona, dice que la reserva de Las Pavas es vital para el sostenimiento del municipio. Desde que la invasión se salió de control, argumenta, las aguas se han contaminado. Lo más grave es que Remedios perdió su reserva y ya no hay lugar para liberar fauna silvestre. “El oso que encontramos, al que le habían pegado un tiro, lo encontramos en lo que era nuestra reserva forestal. Mire qué contrasentido: donde antes liberábamos los animales, ahora los agreden”, comenta el funcionario.

En el lote están construyendo casas de madera y plástico. En el lugar están viviendo más de 1.000 personas. Foto: Camilo Suárez.
En el lote están construyendo casas de madera y plástico. En el lugar están viviendo más de 1.000 personas. Foto: Camilo Suárez.

Es evidente que la situación se le salió de las manos al municipio. Sus funcionarios ni siquiera han podido realizar un censo de la población asentada y, a pesar de que se han interpuesto varias querellas policivas, nada se ha logrado. Es tanto así que el alcalde, Jhon Jairo Uribe, decidió delegar el asunto a la Gobernación. El pasado 9 de septiembre se realizó en Remedios un consejo de seguridad con las autoridades departamentales. En la reunión, el secretario de seguridad humana de Antioquia, Luis Fernando Suárez, se comprometió a poner denuncias penales para resolver el problema de la invasión.

Desde adentro

A Las Pavas se llega por una carretera estrecha, bordeada de casas que dan fe de la crudeza de la guerra. En las fachadas, con letras temblorosas, están marcadas las siglas Agc. Las acompañan frases como “Muerta a los sapos” o “Estamos relocos por los elenos”. Cerca al lote, una mujer indica, bajando la voz, que el que se mete a las invasiones lo hace bajo su propio riesgo. “Esto es muy peligroso, muchachos, cuidado”, dice.

El lote está justo después de la construcción de la vía 4G que conectará a Remedios con Zaragoza. Se entra por una carretera destapada, sinuosa, que va ascendiendo hasta una pequeña cúspide, donde hay una tienda, la única construcción de materiales. Ahí vive una mujer desplazada, de piel cobriza, que cocina un sudado de pollo que es encanto de toda la comunidad.

A la tienda van llegando los pobladores de Las Pavas, los llamados invasores. El lote es tan grande que ellos mismos lo dividieron en cinco sectores y a cada uno le dieron nombre: La Primavera, Campestre, Alto de la Virgen, El Bosque, El Pinal. Cada uno tiene un líder que vela por los derechos de la comunidad recién llegada. ¿Por qué están allí? Responden, al unísono, que las necesidades los obligaron. Y el argumento es que el predio es del Estado y “el Estado es el pueblo”. Entonces, ¿por qué los van a sacar?

Reunidos en la tienda, van contando: tienen una mesa de trabajo para articular a todos los sectores. Y tienen planes. Natalia Zapata, la líder del sector Campestre, dice que la idea del asentamiento es convertirse en un piloto nacional. Ya le dieron un nombre, algo presuntuoso, que enmarca lo que quieren hacer: Ecoaldea Agroecológica el Alto de la Virgen.

Lo que se dice afuera sobre la invasión, la contaminación del agua, los bosques que han derribado, se va diluyendo adentro. Una realidad diferente, al menos discursiva, va emergiendo. Cada uno aporta un tanto en la construcción de esa realidad, de ese microcosmos de Las Pavas. Cristina Patiño, por ejemplo, dice que se encargará de reforestar con frutales lo que se ha tumbado; David Hernández, líder del sector La Primavera, dice que nombrará a un grupo de guardabosques para proteger la reserva natural; Natalia Zapata, sudando, comenta que en un tiempo serán una agroaldea ejemplo para el país y un lugar turístico de aprendizaje.

Así se ve el interior de una de las casas recién levantada. Foto: Camilo Suárez.
Así se ve el interior de una de las casas recién levantada. Foto: Camilo Suárez.

Así, entre el diálogo, el aporte de cada cual, se va olvidando que el predio en que están es público y que otrora, antes de su llegada, era una reserva forestal.

El sector El Bosque está bajando la ladera, cerca de la hondonada por donde pasa el agua. El camino, recién abierto, es de barro amarillo, suelto, que dificulta el caminar. La gente va tropezando con las raíces de los árboles arrancados. Es tal la organización que las casas están numeradas, como en una urbanización, con placas de plástico. “¿Ustedes venden lotes?”, dice alguien. Y todos, otra vez al unísono, responden que no es posible, que son una comunidad libre de delincuencia.

Hay una mujer entrada en años, de piel muy golpeada por el sol, que dice ser arquitecta de la Universidad Nacional. Se llama Marina Gálvez y está asesorando a la comunidad. Su intención, comenta, es montar una oficina de proyectos para jalonar la reforestación y la construcción de una planta de tratamiento de agua. “El alcalde nos está echando a la gente encima diciendo que estamos contaminando el agua. Para ello creamos un grupo de reacción que se encarga de evitar que alguien toque el agua. Es falso lo que dicen”, argumenta Gálvez.

Pese a las ideas grandiosas, los pobladores de la llamada agroaldea viven con temor de que el Esmad llegue a sacarlos. Un hombre de mirada esquiva y ademanes violentos, que lleva una camiseta de los Dodgers y dice ser desplazado, amenaza a las autoridades: “Que vengan, yo me hago estripar en mi rancho”.

Entre todos han construido una realidad diferente a la que se percibe desde afuera. “El alcalde no ha querido sentarse con nosotros porque no conoce nuestros proyectos. Cada árbol tumbado lo vamos a reponer con frutales. Somos una comunidad de paz con grandes ideas”, dice Hugo, otro líder del sector Campestre.

Cuando se les pregunta por el oso perezoso al que le dieron un tiro, se contrarian. Su versión es que el animal estaba enfermo, acosado por los gusanos, y que ellos lo rescataron para entregarlo a las autoridades. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas viven en la invasión, o ecoaldea, como la llaman, pero presumen que son unas mil. Y llegarán más, porque hay lotes reservados para algunos que todavía no han levantado sus ranchos.

Las dos realidades seguirán en contraposición, enfrentándose, mientras el asentamiento sigue creciendo. Los invasores están dispuestos a aferrarse a la tierra, al pequeño paraíso que creen estar construyendo, y nada los persuadirá de lo contrario .

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predios del municipio están invadidos, pero no se sabe cuánta gente vive en ellos.
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