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Hasta “mascotas” se han vuelto los hipopótamos en el Magdalena Medio

  • Hasta “mascotas” se han vuelto los hipopótamos en el Magdalena Medio
Hasta “mascotas” se han vuelto los hipopótamos en el Magdalena Medio
26 de marzo de 2022
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Los vecinos de Magdalena Torres son los más extraños del mundo: pesan más de una tonelada, vinieron de África y dormitan bajo el agua. Magdalena vive en Doradal, cerca a la Hacienda Nápoles, al frente de un gran lago. Sus vecinos se sumergen en ese lago, caminan a la orilla de la carretera y, de vez en cuando, asustan a un desprevenido. Qué agradables son los hipopótamos, si no se meten con nadie, dice; a menos de que los molesten. Entonces pueden ser los peores vecinos y, de una dentellada, dejar convaleciente o muerto a quien los hostigue.

Doradal es un corregimiento de Puerto Triunfo, ubicado en el valle del río Magdalena, una tierra caliente que separa a las cordilleras Central y Oriental. Sus noches son cálidas, aunque refrescadas por la brisa del Río Grande. Sin embargo, los hipopótamos perturban la tranquilidad cada tanto. Irrumpen en el pueblo buscando comida, con el lomo reluciente y recién salido del agua.

Esta semana volvieron a ser tema de conversación por dos razones. La primera, un video aparecido en redes sociales en el que se ve a alguien dándole de beber a una cría. La segunda, que el Ministerio de Medio Ambiente al fin sacó la resolución que los declara como especie invasora, un reclamo que se hacía desde hace años (Ver recuadro). Ahora, las autoridades ambientales tendrán más diente para impedir que estos mamíferos terminen conquistando todo el valle del Magdalena.

En el video se ve cómo una persona, con un balde, le da de beber a un hipopótamo pequeño, de ojos grandes. El hecho, además de mostrar la convivencia entre humanos y estos animales, alerta sobre algo que ya se ha denunciado: la extracción de crías para tráfico de fauna.

David Echeverri, biólogo de Cornare, revela que no se sabe dónde fue grabado el video: “En estos casos hay que informar a las autoridades, porque es un acto clandestino. No se sabe dónde pasó, pero habría que formular una denuncia. Esto puede ser comercio de fauna exótica”.

Lo que más preocupa no es que la familia haya adoptado al hipopótamo, sino que estos sean sacados a otras zonas del país y, tal como pasó en el Magdalena Medio, se conviertan en una especie invasora. ¿Y qué tal si los llevan a los Llanos, a la Costa o a la Orinoquía?

Amor y temor

Pese a los riesgos que representan, en general, los habitantes de Doradal sienten aprecio por los hipopótamos. Desde que estos llegaron a la región en los años 80, traídos por el narcotraficante Pablo Escobar, se convirtieron en una atractivo turístico muy llamativo. Es tanto así que en el corregimiento hay estatuas y réplicas de sus cuerpos rechonchos, frente a los cuales los turistas se toman fotos.

Magdalena, por ejemplo, goza con los hipopótamos que viven en el lago frente a su casa. Allí, cuenta, llegan las hembras a parir y pasan un par de meses. “Las vemos con sus hijos paseando. En la noche salen y los vemos al lado de la carretera. La comunidad tiene respeto. Los turistas vienen y toman fotos. No son un problema y los queremos”, expresa.

Pero la presencia de los animales no es romántica. En el último año han atacado a dos hombres que, embestidos y aplastados, quedaron al borde de la muerte, aunque se salvaron. En Doradal están acostumbrados a su presencia y a que en la noche caminen por las calles, pero en los últimos tiempos han aparecido en lugares donde antes no hacían presencia y donde la gente no está acostumbrada a verlos.

Los últimos reportes indican que ya habitan el río Magdalena y se les ha visto hasta en Yondó. Los más asustados son los pescadores, pues estos animales son territoriales en el agua.

Noraldo Garzón es pescador en Estación Cocorná, una pequeña población de Puerto Triunfo que se encuentra a la vera del río Claro, cerca a la desembocadura con el Magdalena. En su día a día ve los lomos de los hipopótamos que, brillantes, sobresalen en el agua. “Ya sabemos por dónde se mantiene una familia y evitamos meternos por allá”, dice.

“Ya han atacado a varias personas. A un señor de Estación Pita, un hipopótamo lo cogió y le metió los dientes por todos lados. De milagro está vivo”, complementa el pescador.

Los hipopótamos, pese a su fama y su aspecto bonachón, son animales peligrosos para el ambiente y las comunidades humanas, explica el biólogo Esteban Alzate, docente de la universidad CES.

“Parece que no hicieran daño, pero hay que mirar de cerca para darse cuenta de que sí. Por ejemplo, pisan los nidos donde las tortugas desovan y lo destruyen todo; sus excrementos son muy grandes y generan cambios en los ríos”.

Si no se controla su desmedido crecimiento poblacional, que para el año 2021 estaba calculada en 139 animales, los hipopótamos seguirán dejando huella en el Magdalena Medio. Bien o mal, son los vecinos queridos y temidos .

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