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Antioquia | PUBLICADO EL 22 septiembre 2021

Destino verde, por descubrir y conservar

  • La naturaleza siempre predomina en los paisajes del municipio. FOTO Camilo Suárez.
    La naturaleza siempre predomina en los paisajes del municipio. FOTO Camilo Suárez.
  • La naturaleza siempre predomina en los paisajes del municipio. FOTO Camilo Suárez.
    La naturaleza siempre predomina en los paisajes del municipio. FOTO Camilo Suárez.
María Paula Hernández B.

Rodeado de bosques y rico en biodiversidad, el municipio de Copacabana se sitúa como uno de los lugares de turismo ecológico con mayor potencial en el Valle de Aburrá.

Sus paisajes resuenan con las vocales abiertas de su nombre. Copacabana se nombra y cada sílaba hace eco con imágenes amplias de montañas vertiginosas, quebradas de piedras blancas y gigantes. Le pusieron así en 1702 –primero incluso que a su tocaya brasilera– pero desde antes ya merecía el significado de Kapakahuana, vocablo quechua que traduce “lugar sereno y alegre de bella vista”, mirador especial.

Desde el valle se observa el verde de las montañas que acunan el casco urbano, y desde las laderas el paisaje se abre para contemplar el norte del Valle de Aburrá en todo su esplendor. Encontrar un punto de vista para admirar la naturaleza en Copacabana es fácil: hace parte de la magia de un municipio que reúne características geográficas únicas con condiciones especiales que limitan los procesos de urbanización.

“Tenemos alturas de más de 2.600 metros tanto en la ladera oriental que conecta con el Parque Arví y Guarne, como en la occidental que conecta con San Pedro de los Milagros. Son zonas de niebla muy alta y espesa durante gran parte del día casi todo el año”, explica Alejandro Arango Lopera, biólogo e investigador integrante de Gio Ambiental, corporación que vela por la defensa de los ecosistemas del municipio.

Esto genera condiciones de humedad especiales para que florezca la vida a cuatro manos. “En Copacabana pueden observarse 158 especies de aves e incluso árboles en vía de extinción”, explica Arango, quien además integra un proyecto que se propone introducir y proteger diversas variedades de orquídeas extraídas de su hábitat natural.

Parte de la conservación de estos ecosistemas se ha dado de manera natural por cuenta de las pendientes empinadas de las montañas, que han impedido el avance de los procesos de urbanización. Sin embargo, ante la llegada de cada vez más visitantes a estos entornos naturales, el equilibrio de los ecosistemas puede afectarse. ¿Cómo disfrutar de la naturaleza sin dañarla?

Arango explica que, de un lado, el municipio tiene una deuda histórica con su riqueza natural: está pendiente el esfuerzo institucional de desarrollar un plan de manejo turístico que se proponga reducir el impacto de las visitas. De otro lado, la tarea está en manos de cada ciudadano: “entender que la naturaleza no está ahí para nosotros, no nos pertenece y tenemos que respetarla”.

No contaminar los lugares ni extraer especies nativas son algunos de los consejos para los visitantes. “Copacabana tiene un potencial increíble para ser visitado de manera responsable”, y aprender de un lugar es el primer paso para protegerlo. Estos son cinco lugares en los que podrá conectar con la naturaleza y admirar la biodiversidad del municipio, guardando siempre la premisa fundamental del ecoturismo: visitar sin alterar.

Santuario de la Santa Cruz

Una estructura metálica en forma de cruz, de 27 metros de alto, adorna la cima del cerro Morrón en la vereda Cabuyal. Se trata de uno de los lugares turísticos y de peregrinaje más importantes del municipio, desde el cual puede divisarse gran parte de Copacabana, Bello y del norte de Medellín.

“Es tradicional que cada 3 de mayo vengan hasta aquí grandes grupos de personas desde todos los lugares de Antioquia para celebrar el día de la Santa Cruz”, indica Jhon Edison Jaramillo, encargado del Programa de Turismo del municipio. Además, de manera cotidiana, todos los lunes los copacabanenses acostumbran subir hasta allí para celebrar la eucaristía y hacer sus peticiones. Alrededor de la escultura pueden apreciarse placas de agradecimiento y representaciones en miniatura de los deseos cumplidos, como casas a escala y carros de juguete.

Hay dos rutas para llegar hasta allí. La más tradicional atraviesa el barrio Cristo Rey, pasa por la Unidad Deportiva y sube hacia la vereda Cabuyal. Es posible hacerla en carro y tiene catorce estaciones con oraciones en representación del viacrucis. La segunda ruta fue inaugurada recientemente y es llamada “Sendero de La Cruz”.

Sendero de La Cruz

Inicia en la Ciudadela Educativa y consta de tres miradores en los que los visitantes pueden apreciar el paisaje mientras atraviesan una zona de restauración ambiental. El camino está acompañado por topiarios –jardines verticales tridimensionales con formas de animales– y un viacrucis con figuras en relieve de resinas y material reciclado.

“Las estructuras de los topiarios habían sido elaboradas para la época de Navidad hace unos años. Fueron tejidas en maya por madres cabeza de familia del municipio e iban a ser dadas de baja luego de que se usaron para los alumbrados. Nosotros quisimos instalarlas en el sendero ecológico y trabajar una especie de recubrimiento con plantas trepadoras como tumbergia y hiedra”, explica Héctor Marino Montoya, artista plástico a cargo del proyecto.

Alrededor del sendero también se está llevando a cabo un proyecto de restauración y reforestación ambiental del que los visitantes pueden participar adoptando uno de los 2.000 árboles de especies nativas que se sembrarán. “La idea es que las personas se apropien de este proceso y acompañen el desarrollo que va a tener durante años”. Para participar, basta acercarse entre las 6:00 a.m. y las 2:00 p.m. de lunes a sábado y solicitar información al personal del sendero.

Los Zarzales

De las veredas Zarzal La Luz y Zarzal Curazao sale un camino natural hacia la vereda La Veta el Pinar. A lo largo de cuatro kilómetros es posible recorrer una de las últimas áreas de bosque de niebla en estado natural que quedan en el Valle de Aburrá, atravesando las quebradas los Aguacates, la Luisa, los Escobares y la Veta.

Arango explica que en esta zona se han registrado avistamientos de más de 80 especies de aves y también algunos mamíferos cuya presencia refleja la salud de ecosistemas completos: tigrillos, guaguas, armadillos, perezosos y zorro perros. La ruta, además cuenta con miradores desde los cuales puede divisarse el norte del Valle de Aburrá.

Sendero de Piedras Blancas

Es el lugar para el típico plan de río y sancocho los domingos. Esta quebrada, que nace en el altiplano del Oriente antioqueño en Santa Elena, baja recorriendo los municipios de Copacabana, Guarne y Medellín a lo largo de 15 kilómetros. A la altura de Copacabana, es acompañada por un sendero empedrado que asciende hacia la ladera oriental con vista hacia el Valle de Aburrá. Durante el recorrido hay varias entradas y pozos en los que los visitantes suelen tomar un baño en familia.

Para llegar, basta tomar un bus hasta la antigua sede de Imusa, y caminar durante 15 o 20 minutos. Familias vecinas y vendedores del pueblo ofrecen alimentos a la venta durante el recorrido, “aunque la mayoría de visitantes traen los ingredientes para preparar sancocho a orillas de la quebrada”, explica Jaramillo.

Aunque bañarse en la quebrada ha sido parte fundamental del paseo durante años, Arango advierte que hacen falta procesos de saneamiento que aseguren la calidad del agua para bienestar de los visitantes.

Alto de la Virgen

“Se cree que en los años 70 la virgen se les apareció a un habitante de este lugar”, cuenta Arango. La historia popular dice que un grupo de mariposas formó esta figura sobre una quebrada, y que durante varios días los campesinos fueron a verlas y a orar. El grupo de creyentes siguió creciendo y varios de ellos empezaron a atribuirle a la quebrada propiedades medicinales y a embotellar su agua para llevar a casa. Así surgió la comunidad Esclavas de María Santificadora, y tras la octava aparición de la virgen en 1985 se construyó el Santuario de María Santificadora.

Desde entonces se convirtió en otro punto importante para el turismo religioso en Copacabana, Guarne y Girardota, municipios sobre los que está ubicado el recorrido. El primer sábado de cada mes es el día en el que sube la mayor cantidad de personas, algunos como actividad de peregrinaje, otros para reencontrarse con la naturaleza y otros para vender alimentos.

Las visitas multitudinarias, sin embargo, han generado impactos en la quebrada La Chuscala, que surte algunos acueductos veredales. Por esta razón, Arango recomienda “caminar por los senderos delimitados, no llevarse plantas o animales que se encuentren en el camino y respetar las quebradas evitando tirar basura”.

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