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Cuando el virus covid-19 se llevó esta semana de la vida a Ramsés Escobar Henao, notario de Chigorodó, no arrastró a la eternidad a un mortal cualquiera habitante de un pequeño municipio de Colombia en la región de Urabá, sino que se llevó a un “faraón”.
Esto, tal vez porque en la vida las personas no son lo que otros creen sino lo que ellas sienten. Ramsés, desde 2004, decidió que viviría como un faraón y la mejor forma de sentirlo fue mandar a construir un sarcófago egipcio en el que quería que descansara su cuerpo cuando muriera.
Era oriundo de Nariño, Antioquia, “un pueblo del Oriente al que la guerrilla se lo tomó las veces que le dio la gana”, dijo una vez Ramsés en un reportaje para EL COLOMBIANO. Pero un día dejó su pueblo natal y se fue...