Jacobo Solano (Valledupar) cree que las historias que se encuentra en la reportería a veces toca pasarlas por el cedazo de la ficción: así se convierten en arquetipos y narran una verdad mayor, además, le evitan al escritor una amenaza o la muerte. Solano es periodista y autor de ocho libros que, desde hace cuatro años, escribe sobre crimen organizado y política colombiana a la distancia de Milán. Su más reciente novela, La diabla del clan, recrea —con base en una investigación periodística— la vida de Andrea Sánchez, alias “La Diabla”, una mujer que pasó de víctima a victimaria y que ascendía en la estructura del Clan del Golfo cuando, en diciembre de 2024, una masacre en Aguachica le puso encima todos los reflectores. Hablamos con él sobre el libro, la frontera entre periodismo y ficción y las mafias que hermanan a Colombia con el sur de Italia.
Vos investigás el mundo criminal, ¿qué creés que les atrae tanto a los periodistas de esas historias?
“Es un contagio. Yo investigo mucho esos temas y suelo hacer hilos en Twitter que impactan a la gente, porque son el sentir de nosotros. A muchos nos critican por hablar tanto de criminales y de narcotráfico, pero lo que queda claro es que tenemos que identificar nuestras historias. Y al identificarlas nos atrapan, porque uno va descubriendo una cosa con otra. Meterme en La diabla del clan fue meterme en la vida de una mujer que uno no termina de explicarse: cómo acabó en el narcotráfico, entre la muerte, la brujería y la cocaína. Eso nos mantiene conectados”.
¿De dónde viene la historia de La Diabla del clan?
“Es la historia típica colombiana, como Rosario Tijeras, pero hay muchas así en el país: mujeres cruzadas por la violencia, que son víctimas y luego victimarias. Eso le pasa a Paula, que es el retrato de Andrea Sánchez. La historia me llega por ser oriundo del Cesar, porque esa tragedia nos impactó a todos. La masacre de los pastores de Aguachica conmocionó al país, y detrás de ella encontré un personaje con mucho fondo, mucho tema periodístico. A esta niña le pasa de todo desde los catorce años, en una zona rural como Gamarra, completamente dominada por los paramilitares”.
Para que los lectores entiendan, ¿quién es esta niña en la que te inspirás? ¿Y cuál es el caso de los pastores, que mueren asesinados en un restaurante en Aguachica?
“Fue la masacre de finales de diciembre de 2024, cuando asesinaron a los pastores Lora —los dos esposos— y a su familia. Un sicario llegó y mató a sangre fría a cuatro personas en un restaurante. Fue una tragedia total que no debió ocurrir, porque fue una confusión, y al principio ni las mismas autoridades sabían qué estaba pasando. Yo me apropié del caso y fui el primero en informar que detrás había otra cosa. Empecé a investigar porque me llegó información sobre el personaje que estaba ahí: Andrea Sánchez, alias ‘La Diabla’. Las redes sociales fueron clave: mucha información y mucha confrontación de fuentes, incluso de la empleada del servicio y de miembros de bandas criminales que se habían enfrentado con ellos. Así fui armando la historia y descubrí que ella estaba en la mesa junto a los pastores, pero la confundieron: el atentado era para ella”.
Y Andrea Sánchez fue luego asesinada, ¿no?
“Sí, la asesinaron después en Medellín, porque hacía parte de la estructura del Clan del Golfo. De ahí surge el título de la novela: en la zona le decían ‘La Diabla’, y yo encontré todos los elementos para hablar de la diabla del clan. Hay algo que uno no entiende: ella estaba presa en la estación de Aguachica y allí se encontró con alias ‘El Calvo’, un jefe del Clan del Golfo, que la sacó y la metió a la estructura. Una coincidencia que le cambia la vida y la pierde por el camino criminal”.
A la protagonista le matan al papá; a la viuda no parece importarle demasiado, tanto que consigue novio enseguida; la niña intenta darle cristiana sepultura al padre, pero quien la ayuda cae en una mina antipersonal... ¿Vos no sentías que estabas contando algo completamente inverosímil?“No, porque es Colombia, es la realidad: la mina antipersonal, el reclutamiento paramilitar, el asesinato. Después viene el reclutamiento de menores por la guerrilla, la disputa en el pueblo, una banda criminal que atraca buses y carros de valores, y finalmente el Clan del Golfo. Uno no entiende cómo suceden tantas cosas violentas en Colombia y cómo se integran alrededor de lo que hay debajo: el narcotráfico, que es lo que nos tiene como país violento, sin rumbo, por toda la violencia y toda la riqueza que genera”.
Entonces la familia pastoral es un coletazo que te permite ver la historia de la verdadera persona que iba a ser víctima del atentado, “La Diabla”...
“Detrás de esto está la lucha del bien y del mal: una mujer a la que llaman ‘La Diabla’ se cruza con un pastor y terminan involucrados en una tragedia con seis muertos. Ella tenía un perfil delincuencial muy alto y termina muerta en Medellín, en ese cruce que hace falta entre la política, la justicia y los fiscales, que también estaban detrás. La persiguieron para silenciarla y lo lograron, porque sabía mucho de cómo se movía la droga en la zona. Aguachica es la puerta de salida del Catatumbo, quizás el laboratorio de cocaína más grande del mundo, hacia La Guajira, Venezuela, México e incluso el Pacífico”.
¿Y “La Diabla” era de verdad tan poderosa? ¿Investigaste lo suficiente para sacar esas conclusiones?
“Estaba en camino de serlo; lo que no le alcanzó fue el tiempo. Ella elimina a ‘El Calvo’, que era el poderoso: cuando él cae preso, ella cree que puede volar sola y, a través de un amante, empieza a buscar sus propias conexiones. Recuerde que a ‘El Calvo’ lo matan dos días antes de la masacre, y entre las investigaciones se dice que “La Diabla” lo mató para quedarse con el negocio y evadir una deuda con John Mechas. Es una estructura muy grande. Meterse con el Clan del Golfo es difícil desde Colombia, por la seguridad y las amenazas; desde el exterior uno tiene un poco más de libertad y tranquilidad para investigar. Ella iba creciendo en la estructura cuando se presenta la masacre y le ponen todos los reflectores encima. No alcanzó a ser la gran capa del narcotráfico, pero ya conocía rutas y todo lo que se mueve en ese mundo”.
¿Cuán verdadera es la infancia que narrás frente a la de la verdadera Diabla? ¿O está completamente ficcionada?
“Está basada en la investigación periodística que hice, pero contada a través de la ficción. El novelista se toma licencias. El periodista investiga muchas historias; el novelista, como hacía Gabo, busca la historia y la investigación periodística y las adapta al mundo de la ficción, jugando con esos dos mundos. La investigación como base y lo ficcionado para recrear: eso es lo más maravilloso que puede existir para un escritor”.
Es decir, esa infancia sí se parece en algo a la verdadera infancia de “La Diabla”...
“Sí. A ella los paramilitares le asesinan al papá; eso es real. Pero hay una recreación de cómo lo asesinaron y lo desaparecieron. También tuvo una violación en Aguachica. Todo eso se recrea, junto con los atracos y las bandas a las que perteneció, y uno va armando el mundo con una escala de tiempo para que la historia sea atractiva, pensando también en el cine y en traducirla al inglés y al italiano, que es uno de mis grandes objetivos”.
El libro tiene imágenes de apoyo hechas con inteligencia artificial, ¿cómo pensaste el libro en cuanto a la imagen y a dónde conseguirlo?
“Creo que hoy el escritor tiene que usar todos los recursos de la inteligencia artificial a su alcance. A veces nos quedamos solo en hacer la novela. La IA ayuda mucho en la corrección, en el diseño, en la promoción. Y la autopublicación en Amazon te da la posibilidad de ser global: traducir a otros idiomas, hacer tus propias promociones y llegar a públicos que aún no están identificados. Los editores y los medios parecen no haber entendido todo lo que está pasando, y nos toca adaptarnos, como cuando el computador reemplazó la máquina de escribir”.
