“El activismo de hoy tiene que ser el desbaratamiento de las fronteras”

La psicoanalista Susana Bercovich estará en Medellín para el seminario “Fronteras y Territorios: potencia real de las ficciones”. Hablamos con ella.

hace 34 minutos
  • Susana Bercovich es psicoanalista, performer y escritora. En 2023 publicó el libro Divan paisaje adentro. Cortesía.
    Susana Bercovich es psicoanalista, performer y escritora. En 2023 publicó el libro Divan paisaje adentro. Cortesía.
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Susana Bercovich es psicoanalista, performer y escritora. En 2023 publicó Divan paisaje adentro, un libro con un estilo singular que va de la conversación al ensayo, dibujando la formación del propio pensamiento mientras reflexiona sobre las fronteras, la violencia, el sadismo, la esclavitud, la dominación y más.

El libro empieza describiendo “Holocausto”, una obra con la que George Segal expone su versión del exterminio nazi. Instalada en el Lincoln Park en San Francisco, Estados Unidos, la obra está compuesta por esculturas de cuerpos de tamaño natural, un hombre que mira a través de un alambrado —como el de los campos de concentración— y detrás suyo, varios cuerpos yacen en el suelo.

“El espacio es abierto. Los visitantes pueden entrar y salir del Holocausto”, escribe Susana. La escena, de alguna manera resume lo que el libro propone, la vida, el paisaje, los otros, la vida de los otros (la violencia) como paisaje, y el movimiento adentro-afuera, es decir, que lo intimo y lo social no están separados. La frontera como ficción, pero con efectos reales. De eso estará Susana en Medellín en el seminario “Fronteras y Territorios: potencia real de las ficciones”. Hablamos con ella.

Lo que propone “Holocausto” es parecido a lo que pasa ahora con Gaza, que se ha vuelto una especie de paisaje virtual, uno entra y sale de esas imágenes, pero de alguna manera no nos tocan...

“Sí, a mí ver la obra me conmovió, sobre todo de la mano de Leo Bersani. Y al leerlo a él, que él ha escrito bastante sobre arte y sobre esta escultura, uno se da cuenta de que hay dos formas o dos estéticas en este sentido, en el arte. Una es enmarcar algo como si fuera ajeno a nosotros y otra cosa es no enmarcarlo, sino que el espectador de pronto sea parte de la obra. Y en el caso del “Holocausto” de George Segal, una escultura de 1984 que está en el pleno parque de San Francisco, el escultor nos invita a entrar y a salir, como queriendo que tomemos conciencia de algún modo de que el holocausto no es algo circunscrito al pasado, sino que nos toca, está presente.

La idea del paisaje adentro, afuera, es un poco la misma lógica de la escultura, porque un paisaje es abierto, pero paisaje adentro es como que eso abierto también es íntimo. Hay un íntimo que compartimos afuera y el afuera a la vez transforma ese íntimo. La lógica que plantea George Segal en la escultura, es que el visitante que puede entrar y salir del holocausto, es una invitación a tomar conciencia del holocausto mismo como algo que está presente”.

El celular termina siendo una especie de marco, es decir, parece que lo que pasa ahí no está afuera, en la vida...

“Sí, es la creación de una realidad que a la vez es ficticia y es real, porque tiene efectos reales. Y como yo digo, uno está pescado en las redes. Literal, esa palabra redes habla muy bien de la situación. Hay una lógica de estar atrapado en las redes donde uno cree que mira o que es protagonista de algo, y en verdad uno es capturado en un sistema virtual de exposición.

Últimamente leí que lo que más dinero da a estas empresas es justamente la promoción del odio. El odio es lo que hace que la gente intervenga más, ya eso te dice que estamos en un momento donde el odio también se promueve desde todos lados, desde la pantalla, el odio es lucrativo”.

Y es un odio que está diseminado, repartido, puede ser contra cualquier cosa...

“A mí me abrió mucho los ojos el libro de Silvia Federici Calibán y la Bruja. Es un análisis desde el materialismo histórico del surgimiento del capitalismo, de la transición de la edad media al capitalismo, y ahí uno se da cuenta —también leyendo a Deleuze y muchos otros, a Lacan mismo—, que el capitalismo es un sistema que arrasó con todo: tierras, personas, cuerpos. Y ahí la crítica que le hace Silvia Federici a Marx es que olvidó a las mujeres. El capitalismo empieza con la cacería de brujas y en los cuerpos de las mujeres, que como cuerpos reproductivos, son de primer orden para el sistema de acumulación primitiva.

La otra crítica que hace Silvia Federici a Marx es que Marx pensó que el capitalismo iba a ser una etapa y que luego la gente iba a tomar conciencia, iba a tener más libertad, no sé... Pero no, no fue una etapa, es un sistema que se repite todo el tiempo, que se reproduce, que avanza con más recursos científicos, tecnológicos, la IA y de todo tipo. El tiempo no es lineal tampoco, estamos atrapados en un sistema que no para y surgen modos de resistencia, por supuesto, pero son rápidamente apagados, recuperados, entonces es necesaria la invención de nuevos modos de resistencia y esa invención tiene que ser constante”.

Se limita cada vez más la idea de la mujer, pero Lacan dice que la mujer no existe. Dejar de pensar a la mujer como una categoría también es una forma de resistencia...

“Exactamente. Al decir la mujer no existe, Lacan se alinea de algún modo con Silvia Federici, porque ella plantea que la mujer ha sido y sigue siendo un instrumento para contribuir al sistema político por su aparato reproductivo, que ha sido siempre un tema en los feminismos, digamos, la cuestión del cuerpo y de la reproducción como una defensa de una decisión propia, porque ha sido una decisión tomada por el sistema, y en ese sentido, para Sirvia Federici, la mujer es un constructo del sistema capitalista patriarcal y del que se ha servido a cucharada grande para perdurar.

Por eso la persecución desde la iglesia, desde la ciencia, desde las leyes. Ha sido terrible. Realmente uno leyendo a Federici toma conciencia de uno mismo, del lugar, de la historia, y de todo.

Entonces, cuando Lacan dice la mujer no existe, desontologiza. Él también está con Federici en el sentido de que la mujer es un constructo. Por eso el feminismo transexcluyente que vuelve a la cuestión biológica, a la mujer como esencialmente mujer porque tiene aparatos reproductivos, devuelve a la mujer a ser un instrumento y un constructo del capitalismo, pues vuelve a ser recuperada como cuerpo biológico. Todo eso es un retorno a un puritanismo biológico, prácticamente a las bases de la concepción que el capitalismo tiene de la mujer.

A eso se opone la idea de que la mujer no existe, desontologiza, le quita el ser, impide que se circunscriba como algo y al otorgarle inexistencia la deja libre en algún sentido. Ahí donde Lacan dice, la mujer no existe, en la misma clase, él dice: On la dit-femme, on la diffâme. Es un juego de palabras en francés, donde femme es mujer y difamar es difamé. Entonces dice: cada vez que decimos mujer, la difamamos. Es como que hablar de la mujer ya es demasiado, es mucho prejuicio.

Yo me pregunto, con Freud incluso, con Lacan, ¿qué es una mujer? Una mujer trans es una mujer, sí. Lacan va a decir, mujer es alguien a quien le estorba lo que tiene entre las piernas, es decir, alguien a quien el falo le incomoda, sea hombre o sea mujer”.

Entonces uno podría decir que hombre es aquel al que no le estorba eso que tiene entre las piernas...

“Sí, absolutamente. Ha sido formado para valorar, erigir y ser esclavo de eso que le cuelga entre las piernas. Ese es el punto. El hombre está atrapado en el patriarcado. Ha sido formado para portar un falo erecto en todo momento, la virilidad, la violencia han sido formaciones milenarias”.

Esa idea de la mujer es una forma de libertad, pero una libertad que tememos...

“Sí, tememos a la libertad, por eso honramos el falo, el líder, la estatua, todo lo que se erige es fálico. La mujer como camino abre un lugar. La mujer trans, el hombre en posición de mujer, en fin, la mujer, lo que quiera que sea, ese conjunto vacío abre la posibilidad de no estar toda sometida al falo, dice Lacan. No toda. Hay un descentramiento del falo. Yo creo que el patriarcado es justamente un culto a lo fálico y al gran otro, al gran padre, a Dios, al líder, en fin. Cae y hay una libertad que, claro, asusta, pero lo otro está peor”.

Viene a dar el seminario Fronteras y territorios: potencia real de las ficciones...

“Me aventé a un argumento que espero poder estar a la altura. A mí me gustaría compartir las lecturas que hice últimamente, que fueron Silvia Federici, Karen Barad, Vinciane Despret, Lacan, bueno, Lacan y Freud son mi telón de fondo, y los encuentro más actuales que nunca.

La cuestión de fronteras y territorios surge escuchando muchas feministas que vinieron a México, como Angela Davis y Cherríe Moraga, una chicana increíble, una tipa estupenda que escribió con Gloria Ansaldúa y ahora reeditaron el libro, escuchándola, pensaba que el activismo de hoy tiene que ser el desbaratamiento de fronteras de todo tipo: epistemológicas, geográficas, estos binomios que decíamos hombre-mujer, lo que es una mujer, son todas fronteras falsas, construidas. Ellas y científicas feministas como Karen Barad desde la física cuántica o Donna Haraway desde la biología, lo que operan es un desbaratamiento de fronteras.

Todo eso te abre mucho los ojos y te hace pensar qué pasa con las fronteras, estos territorios que el capitalismo capturó. Habrá que pensar, este desbaratamiento nos hace tomar conciencia de cómo se construyeron, cómo se trazaron y cómo son ficciones convenientes, políticas, pero que se vuelven reales como la raza, la clase, el género. Son construcciones capitalistas, pero son más reales que nada, lo estamos padeciendo. Entonces hay algo ahí que a mí me gustaría pensar con la gente, compartir lecturas”.

Más generación