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  • Apetito de aventura: dos cómics colombianos
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Críticos | PUBLICADO EL 04 marzo 2022

Apetito de aventura: dos cómics colombianos

daniel jiménez quiróz

Aurelio, a la par billonario y testarudo, gana un premio de fantasía: probar una flamante nave que viaja a un momento fundamental del pasado. En ese futuro donde la tecnología es un contentillo —tal cual sucede en las sagas más despreocupadas de la ficción científica— las opciones de viaje que tiene Aurelio son la Revolución Francesa, los dominios de Manco Cápac, o el calvario de Jesucristo. Aurelio escoge lo último por su perturbadora fijación con el personaje fundamental del cristianismo. Esa obsesión, que más que espiritual es material, se sostiene por narcisista: salvar al salvador, secuestrándolo y llevándolo al futuro para garantizar que su sabiduría tenga mejor uso. Pero la porfía de Aurelio —uno de esos calcos a la Elon Musk, detestable por su excesiva y a la vez ingenua confianza en la tecnología como salvavidas— arruina el plan.

De eso va Gólgota, con guion de Ricardo Burgos (Bogotá, 1967) y dibujos de Giovanni Castro (Pivijay, 1967) y Alberto Rodríguez (Bogotá, 1971). Publicado por la editorial Tyto Alba, entretendrá a lectores en una temprana adolescencia; a lectores maduros quizás no sorprenda y su guion les subestime. Con un tratamiento conservador (dibujo de formas correctas y color bien puesto), se sitúa entre la Cartagena de Indias del 2225, la Cundinamarca del 2019 y la Jerusalén del Cristo. El lenguaje es jovial; los personajes predecibles. El lector atento se regocijará con el rigor en el dibujo de geografías y arquitecturas locales, de las cuales pocas veces hay tan buenos registros en los cómics colombianos. Su tono me hace reconocer su similitud con una obra nacional de referencia de finales del siglo XX: Las aventuras de Gato, de Daniel Rabanal. En todo caso, por hacerle tanto honor a la usanza de la línea clara, encontrará reacciones divididas entre el cariño de lectores novatos y la indiferencia de los que buscan cómics más audaces.

Por otro lado, Pareces una salvaje, de Yapi (Itagüí, 1986), también aborda un registro de aventura, aunque con un acento íntimo. Editado por su autora en la risografía La Bruja, es un apreciable relato de exploración que traza una fábula de aprendizaje emocional en clave de género. El dibujo es carismático y algo descuidado, sin llegar a ruptura formal alguna. Habría disfrutado más de un guion con mayores matices y malicia. Se entiende, de todas formas, como el primer trabajo de aliento y la primera confirmación de una autora promesa.

Estos títulos son pretexto para comenzar con esta columna. Me inclinaré hacia la realidad plural que tiene el cómic que circula en Colombia, que goza de variados títulos y géneros. En este espacio trataré de tomarle el pulso a creaciones locales y globales interesadas en abrir caminos. Me sesgaré por trabajos inquietos por desmontar la nostalgia frente al lenguaje del cómic y que inspiren controversias sobre la forma y el contenido. Espero que la interpretación de esta columna —y las conversaciones que de ella se desprendan— contribuya a una legitimización y construcción social de la lectura del cómic en Colombia.

* Lector, investigador y administrador en artes y educación. Dirigió el festival entreviñetas entre 2010 y 2018, del cual es co-fundador.

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