Pico y Placa Medellín
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A propósito de hechos recientes que reflejan connivencia social con señalados criminales y esferas de ilegalidad, el país debe enfocarse, sin más retrasos, en cultivar ciudadanos con ética y moral.
En la filosofía de la ética y la moral se usa una categoría, un concepto clave, reiterado por autores contemporáneos: el de la templanza, referido a la capacidad de los individuos de desarrollar un sentido de equilibrio y moderación, si se quiere de continencia, frente a las ofertas que debilitan y derrumban el respeto por las normas y la legalidad. Es el énfasis pedagógico, en todos los ámbitos, por impedir que la sociedad y sus individuos transiten fronteras grises y crucen, sin ardores de conciencia, de lo lícito a lo criminal. La templanza es esa lucha permanente por construir individuos con enorme conciencia sobre el sentido elemental de lo que está bien y lo que está mal hecho.
Son reiterados los casos, y sobran los ejemplos, más allá de algunos recientes que involucran a figuras públicas, en los que se advierte una abierta tolerancia y emparejamiento con personajes y ambientes por fuera de la ley: ya por cierta fascinación con la “épica del delincuente”, ya por el interés explícito...