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El perro y el gato también van al doctor


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Ni el gato ni el perro pueden hablar para decirle que les duele la barriga. Tampoco se van a quejar de molestias ni a explicarle por qué se están orinando detrás del sofá.

Con ellos hay que estar pendientes del comportamiento y también saber que no hay que esperar a que estén enfermos para llevarlos al veterinario. Puede haber enfermedades silenciosas, que no notará. Además, prevenir le ahorrará problemas y tristezas a futuro.

No todo lo resuelve el veterinario, hay otro especialista que no aparece de primero en la mente, pero que le será útil si le va a conseguir un hermano al gato o el perro está haciendo muchas travesuras. El etólogo le ayuda con los problemas de comportamiento.

¿Cuando hay que llevarlos?

EN DEFINITIVALas mascotas también necesitan ir al médico, aunque no luzcan enfermas. Es mejor tener citas de revisión y prevención. Hay un profesional que le ayuda con el comportamiento: el etólogo.

Contexto de la Noticia

La visita depende de la edad y del estado de salud.

Los cachorros deben ir con más frecuencia. Cuando consigue una mascota es importante que el médico haga una primera revisión. Luego viene un seguimiento al crecimiento y el esquema de vacunas.

Si es un adulto sano, dice la veterinaria Gisela Toro, debe llevarlo unas dos veces al año. El médico le puede aconsejar más visitas, según la historia. Igual hay unas vacunas anuales que no puede omitir, como la rabia.

¿Los viejos? Según la mascota, pero se incrementan las visitas para hacer un seguimiento a los problemas que llegan con la edad. Si sufre del corazón, por ejemplo, habrá que llevarlo más seguido, cada tres meses.

El médico le hará un examen clínico: palpará su barriga, revisará su cola y mirará qué tal están los dientes. Decidirá si se necesitan exámenes complementarios, de sangre, orina o incluso radiografías o ecografías. Gisela señala que después de los 5 o 6 años, que es para ellos tener unos 40, es aconsejable hacer exámenes de rutina anuales.

¿Las urgencias? Observe bien. De ahí la importancia de estar pendientes de cambios de conductas o irregularidades morfológicas o fisiológicas. La veterinaria explica que si ve cambios de humor o de comportamiento, si la mascota no está comiendo, no está yendo al baño de manera corriente, hay vómito o diarrea, es momento de consultar, y precisa que es mejor no esperar para evitar que el problema sea mayor.

Si la mascota sufre un trauma como una caída o un golpe fuerte, o incluso si hubo una pelea agresiva y hay heridas o cambios en el comportamiento, hay que pensar en el veterinario.

Si su mascota cambió de actitud, quizá es momento de pensar en este profesional, experto en comportamiento. La etóloga María Soledad Solórzano, conocida como la Niñera de Gatos, explica que esta decisión se toma en cualquier caso en el que haya una modificación en la conducta que se considere no es normal: que usted diga, mi gato no es así.

Lo primero, antes de la consulta, es descartar que el perro o el gato estén enfermos. Esto es importante porque no se podría trabajar sobre la mente cuando el problema es del cuerpo. María Soledad añade que un animal de compañía se puede portar diferente porque le duele algo y esa es su manera de expresarlo. Así, si alguien lo toca sobre una zona que le duele, la actitud podría ser gruñir: claro, está enfermo, y no tendría sentido hacer un tratamiento distinto.

Cuando va a conseguir una mascota por primera vez, los etólogos lo guían. La profesional precisa que esto ayuda a tomar una buena decisión, que sea la mascota adecuada a su vida e incluso a sus horarios, las ventajas, las desventajas. Si es mejor un gato o dos de una vez, o si usted tiene el tiempo que requiere un perro para sacarlo a pasear las veces requeridas. Para ella hay una palabra que se debe sacar del vocabulario: ensayar. Una mascota es un compromiso para la vida, dice.

Si es novato, una iniciación con un experto le servirá para saber qué se necesita y qué no, qué comprar, cuál es la mejor comida, qué debe enseñarle al nuevo integrante de la casa.

Los procesos de comportamiento requieren paciencia: con los animales no hay garantías.

Un etólogo debe revisar todas las variables, conocer la mascota, hacer seguimiento a las reacciones, pensar en la personalidad. Le dejará muchas tareas, porque es una conjunción de cosas: el conocimiento del profesional, la disciplina del dueño, la mascota misma y el amor.


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