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El raro caso de las revistas literarias longevas


El destino de las revistas literarias es trágico. Parecen condenadas a durar poco. Por eso, cuando se encuentran ejemplos de supervivencia entre este género de publicaciones, no dejan de causar asombro.

Y es precisamente la larga y buena vida que ha llevado la revista Punto Seguido lo que nos ha llevado a ocuparnos de este tema.

Esa revista de formato gigante, que tiene sobre su nombre una hormiga, llegó en 2017 a su año 38 y a la edición número 60.

“Fue el 17 de octubre de 1979 cuando nació”, comenta John Sosa, uno de sus fundadores e integrante de la Planta Creativa. Esa es una particularidad: no tiene director, sino que un grupo de escritores proponen y deciden. Bueno y también ponen dinero para pagar su elaboración.

“No hemos querido nunca tener esta figura, la de director, porque lo importante es que quienes hacemos la revista participemos activamente y cada uno la sienta como una cosa propia”, explica Sosa.

Como casi todos los inicios, el de Punto Seguido fue sencillo. Salían unas hojas de papel periódico del mismo tamaño de la revista actual, pero no era un cuadernillo. Así pasaron los primeros 15 años.

Después pasó a papel edad media, con la portada en propalcote. En 1990 ganaron una beca de creación de Colcultura (hoy Ministerio de Cultura), la cual le dio impulso.

¿Cuál es el secreto de la permanencia de una revista como Punto Seguido?

En parte por su esencia, como lo explica Óscar Jairo González, uno de los integrantes de la Planta Creativa desde hace 28 años. La revista se ocupa de publicar las creaciones literarias y poéticas de los integrantes, por supuesto, pero más aun de divulgar obras y autores más bien desconocidos.

Prometeo: madre y abuela

Otra revista que tiene también una historia importante es Prometeo. Esta publicación surgida en 1982 y fundada por Fernando Rendón, aglutina en torno suyo a un grupo de poetas como Gabriel Jaime Franco, Jairo Guzmán, Luis Eduardo Rendón, Rafael Patiño, Javier Naranjo, Juan Diego Tamayo, Ángela García, Gloria Chavatal y Carlos Vásquez, que ya se reunían casi diez años antes de que apareciera el primer número de la revista.

“Prometeo dio origen al Festival Internacional de Poesía de Medellín y este le dio vida a la Corporación Prometeo”, comenta Gabriel Jaime, quien explica que el Festival surgió como una respuesta de ese grupo de poetas ante la barbarie de la guerra del narcotráfico de los años 80 y, en ella, del asesinato de defensores de los derechos humanos.

Los primeros números, ediciones pequeñas y grapadas, de unas 20 a 24 páginas en tamaño media carta. Salían unas tres o cuatro al año. Comenzó apoyada por un sindicato, pero en algún momento, a los integrantes de este movimiento obrero les pareció que unas imagen aparecidas en la revista eran eróticas y por eso decidieron no auspiciarla más.

Prometeo circula una vez al año, más las memorias del Festival.

Las revistas literarias tienen, por lo general, una vida corta. En nuestro medio hay excepciones como Punto Seguido y Prometeo. ¿A qué se debe su permanencia en el tiempo?
El raro caso de las revistas literarias longevas

Contexto de la Noticia

La tradición de las revistas literarias, en nuestro medio, hunde sus raíces en el siglo XIX. De acuerdo con el historiador Jorge Orlando Melo, “en Medellín, entre 1880 y 1910 –y hay que recordar que era un pueblito de 40.000 habitantes- salen por lo menos 12 revistas o periódicos culturales”.

Unas de ellas, de vida breve: El Repertorio, El Montañés, Alpha, Pan, Panidas, Lectura y arte.

En torno a ellas estaban las figuras de Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Carlos E. Restrepo, Fernando González y otros.

Una publicación de larga existencia fue Letras y encajes. Circuló de 1926 a 1958. Fundada y dirigida por Sofía Ospina de Navarro quería contrarrestar las prosas sensuales de María Cano y otras mujeres de la época. Tenía el propósito de preservar la moral del hogar.


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