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Ecos y Comentarios | PUBLICADO EL 09 agosto 2020

Gilberto Echeverri Mejía: tres décadas de su nombramiento como gobernador de Antioquia

    En agosto de 1990, Antioquia entera esperaba con gran expectativa el nombramiento que el recién posesionado presidente, César Gaviria, haría del nuevo gobernador del Departamento. En el cuatrienio que acababa de terminar, de Virgilio Barco, un gobernador enormemente popular había sido asesinado por la mafia –el médico Antonio Roldán Betancur– y los otros tres fueron nombrados por designación política. Y los antioqueños estaban hartos de la politiquería en la Gobernación.

    El 15 de agosto el presidente Gaviria anunció su escogencia. El titular del día siguiente de EL COLOMBIANO fue este: “Gilberto Echeverri, el gobernador que Antioquia esperaba”. Y el editorial del mismo día (titulado “¡No se equivocó, señor Presidente!”), señalaba: “El hombre preciso para el momento preciso. Ese es Gilberto Echeverri Mejía (...) Él siempre ha asumido el poder como un servicio pero, además, en los últimos años ha hecho del servicio su trabajo”. Acababa de cumplir 54 años, era unánimemente respetado y apreciado en todos los sectores sociales, políticos y económicos, y le cupo siempre el gran honor de conservar hasta el último día ese respeto y ese cariño ciudadano.

    Fue un gran gobernador. Un líder intachable. Prestaría muchos más servicios a Antioquia y al país. Siendo consejero de Paz de la Gobernación, por ser solidario y consecuente ante un gran error del gobernador de entonces que se expuso a los engaños trapaceros de las Farc, cayó en las garras de los secuestradores de esa guerrilla y allí fue brutalmente asesinado después de tenerlo meses cautivo. Era una política de asesinato a sangre fría la de las Farc y sus responsables gozan hoy de impunidad y, peor, de la consideración de sectores políticos e intelectuales. Para Antioquia, la pérdida de Gilberto Echeverri sigue siendo irreparable.

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