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Ecos y Comentarios | PUBLICADO EL 02 agosto 2020

De las metidas de pata con micrófonos abiertos, a la difamación premeditada

    El 20 de julio, poco después de pronunciar su discurso de balance de gestión e instalar las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Iván Duque fue grabado con un celular, sin que se diera cuenta, mientras escuchaba la réplica de Aída Avella, y en el video (colgado en redes por la Vicepresidenta Ramírez) se escuchaba cuando, en plan coloquial y distendido, decía “qué tal esta vieja preguntando que si yo no estaba”. Se armó la de Troya. Hubo desgarradoras exigencias de disculpas públicas, acusaciones de maltrato, machismo, estigmatización y atentado a la dignidad de las opositoras, entre otras.

    El pasado jueves, la senadora Angélica Lozano dejó el micrófono de su computador abierto, en la sesión virtual de la comisión del Senado de la que hace parte, y sus colegas oyeron todos cómo se refirió a ellos (“estos hp´s”). Hubo risas, celebración de su espontaneidad, y cariñosos comentarios de que tuviera cuidado con los micrófonos abiertos.

    Son “gajes del oficio” de quienes están constantemente hablando en público, y cuyos movimientos siempre son objeto de registro. No es, por supuesto, el mismo caso de aquellos líderes que, en sus cuentas de Twitter, vierten toda clase de difamaciones contra otras personas. Esta semana, el senador Gustavo Petro, por enésima vez, tuvo que retractarse públicamente y pedir disculpas, ahora por hacer afirmaciones contra la periodista Ángela Calderón, que no correspondían a la realidad.

    Contexto de la Noticia