opinión | Publicado el

P. Hernando Uribe


La memoria, un tesoro

La memoria es una de las tres potencias del alma, junto con el entendimiento y la voluntad. La memoria hace presente el pasado, un tesoro cada día más amenazado por el incremento de los medios de comunicación, en los cuales depositamos el pasado y la relación de las cosas entre sí.

El pasado no existe, existió. Pero el pasado tiene presente. El modo como yo vivo el pasado en el presente es el presente del pasado. Cuanto más cultivo la memoria, más vivo tengo el pasado en el presente.

El antioqueño es un pueblo de resentidos, entendiendo por resentimiento el cultivo sistemático de una herida, algo insensato que pasó y que por cultivarlo sigue pasando. Modo destructor de cultivar la memoria.

Si me cultivo dedicándome tiempo a mí mismo, tengo el poder de convertir un mal pasado en un buen presente. Cuanto más me cultivo, más consigo ese buen presente, de enorme beneficio para mi entorno y para mí.

Del futuro podemos decir también que no existe, existirá. Mas el futuro también tiene presente. El modo como vivo el futuro en el presente es el presente del futuro.

Cultivo con esmero la esperanza para purificar mi memoria, llevándola del pasado al futuro camino del presente. Hacer un proyecto es realizar un ejercicio de esperanza. Gracias a la esperanza, cultivo mi memoria anticipando el futuro en el presente. Excelente comienzo de año.

San Juan de la Cruz, maestro excepcional de la memoria y la esperanza, busca que “el alma se una con Dios según la memoria en esperanza”, creando así un mundo nuevo, de incontables beneficios.

El poeta místico recalca el valor inconmensurable de la esperanza. “Lo que se espera es de lo que no se posee, y cuanto menos se posee de otras cosas, más capacidad hay y más habilidad para esperar lo que se espera y consiguientemente más esperanza”. Y así, cuantas más cosas poseo, menos capacidad y habilidad tengo para esperar, y consiguientemente menos esperanza.

Con esta asombrosa apreciación de la esperanza, San Juan de la Cruz afirma: “Cuanto más el alma desaposesionare la memoria de formas y cosas memorables que no son Dios, tanto más pondrá la memoria en Dios y más vacía la tendrá para esperar de Él el lleno de su memoria”.

La relación entre memoria y esperanza es esencial a la vez que estimulante. El siglo XXI necesita percatarse de que el Amado, captado por la esperanza, está llamado a ser el contenido de la memoria. Vivir recordando al que está por llegar, la felicidad en plenitud.


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