Columnista | Publicado el

Ángela Marulanda

Ángela Marulanda

Hay que rescatar la bondad en los niños

Desafortunadamente, hay una concepción errada de lo que significa ser bondadosos y por eso quizás se está desalentando esta virtud en los niños. En efecto, ya algunos padres ven con preocupación el hecho de que sus hijos sean buenas personas porque, lejos de entenderlo como una cualidad, temen que esto lleve a que todo el mundo se aproveche de ellos. Pero hay una diferencia muy grande entre ser bueno y ser tonto. Los “buenos” que pasan a tontos se puede decir que son jovenes tan necesitadas de la aprobación de los demás que hacen lo que sea por complacerlos y, por lo mismo, se dejan atropellar y utilizar con tal de agradar y ganarse el cariño de los demás. Merecen nuestra compasión y no nuestro desprecio.

Hoy lo más importante y admirable es ser “vivo”, es decir, ser audaz, ambicioso, ventajista y decidido a todo, porque son estas personas las que tienen “éxito”. La meta de los vivos es el beneficio personal y sus relaciones se rigen por la conveniencia. Como resultado, asi se les está inculcando a los niños la idea de que lo importante es ser, ante todo, “vivos” para poder triunfar. Y así se está alimentando en ellos un individualismo patético, gracias al cual atropellan a quien sea para lograr lo que quieren. Si bien es cierto que los niños en todas las épocas han sido a veces, crueles con sus amigos, hoy la agresividad y la falta de lealtad son casi una norma en sus relaciones. Duele aceptarlo, pero en las relaciones con sus pares, la competitividad reemplazó al compañerismo, la conveniencia al afecto, el egoísmo a la solidaridad y el utilitarismo a la lealtad.

Si queremos ver un mundo mejor, nos tenemos que dedicar a formar niños bondadosos, que se dediquen a hacer el bien sin importarle a quien; que trabajen no sólo para su gratificación individual sino por la satisfacción de aportar a quienes más lo necesitan; que apoyen a los débiles y no sólo quieran aliarse con los más fuertes; que conciban la riqueza no como la acumulación de bienes sino como la capacidad de compartirlos. Es gracias a la bondad de unos con otros que se fortalecen los vínculos de unión con nuestros semejantes y se abona el terreno para que reine la paz entre los seres humanos.


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