Es literal: con la lengua afuera. Así se pisa la última escalera. El mínimo aire, un suspiro suave y luego, eso se olvida. El paisaje es tan bello, que no importa si hay que doblar las escaleras. Es bellísimo y por eso vale la pena subir.
El Peñón de Guatapé, como dice en la boleta que se compra para poder subir, y hasta en las vallas que hay en el lugar, pero que muchos le conocen como la Piedra del Peñol, tiene 635 escaleras para llegar a la cima.
Y desde cuando se inicia el recorrido se empieza a encontrar un lugar para derretirse. "Está bonito. Es un buen paisaje", dice Estefanía Colorado, una niña de ocho años. Con ella coincidían muchos. ¿Cómo iban? felizmente cansados, y se notaba en la respiración pausada de la pequeña.
Desde arriba el cuento es otra cosa. Se ve toda la represa de Guatapé. Gigante. El agua que juega con pequeñas islitas, muy verdes, y una que otra casa que está por ahí. Las lanchas se ven pasar, dejando una ola blanca, que revuelve la tranquilidad de la represa. El cielo se confunde con el agua. Es azulísimo, también.
El sol casi siempre acompaña el recorrido. Tal vez como si fuera un lugar hecho para conocer. María Libia Gil, habitante de El Peñol, lo deja claro: "¿Calor? ¡Eh ave maría! Mucho calor".
Esa historia
De la piedra cuentan muchas cosas. Algunos dicen que resultó de la separación de los continentes. Unos cuántos que era un volcán que se congeló. Otros que la trajo el diluvio universal.
"Dicen que era un meteorito que cayó ahí. La primera persona que la escaló fue Luis Villegas, en 1954, y que la gente se la fue regalando, porque creían que se iba a caer y les daba miedo", expresan las hermanas Carolina y Nury Parra, habitantes de El Peñol y quienes tienen un puestico de artesanías en la réplica que hay de El viejo Peñol.
"Hay que aprender ciertas cosas de este lugar, porque nos preguntan mucho", añaden. Desde su teoría, también señalan que como la piedra está en límites con Guatapé y El Peñol, había polémica, pero que ya es de éste primero, aunque los turistas siguen preguntando por la Piedra del segundo.
Del lugar, los años lo han cambiado. Antes solo habían unas escaleras. Ahora, unas para bajar y otras para subir. "Está muy diferente a lo que era hace 20 años. La subida es ahora más segura y ya no en madera. Este paisaje es maravilloso", indica Maribel Cardona Henao, una turista.
Eso sí, cuando suba a la piedra, haga como Sandra Martínez: "despacio y descansando". Además, déjese llevar por el paisaje y eso sí, que el viento lo despeine.
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