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Una noche loca para Obama

El escándalo protagonizado en Cartagena por miembros del Servicio Secreto del Presidente Barack Obama ya tiene efectos en la campaña política. El tema está en la "cumbre" de los grandes medios.

  • Una noche loca para Obama | FOTO REUTERS, Cartagena-Colombia
    Una noche loca para Obama | FOTO REUTERS, Cartagena-Colombia
18 de abril de 2012
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Cartagena sigue siendo el centro de la noticia en el hemisferio, pero no por razones diplomáticas, sino por los alcances que sigue adquiriendo el escándalo sexual que protagonizaron algunos miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos.

Grandes medios estadounidenses y latinoamericanos revelan más y más detalles de la juerga de al menos 20 miembros de la seguridad privada del Presidente Barack Obama en un prostíbulo de Cartagena, con remate de corrida en el Hotel Caribe.

Aunque las fiestas de alta temperatura no son ajenas a la tradición de los servicios secretos, no sólo americanos, sino de buena parte del mundo occidental, la de Cartagena ha adquirido ribetes de película. Por los protagonistas, por el momento político que se vive en la región y, sobre todo, por la forma en que el propio Presidente Obama resuelva este lío ajeno de "faldas".

En Cartagena, varios medios internacionales buscan la entrevista que hoy tiene mucho más interés que la del propio Obama. Hasta cinco mil dólares ofrecen a quien encuentre a la dama de compañía que abrió la caja de Pandora llena de "sexualidad" que compraron, pero no pagaron, los servicios secretos gringos.

Las excusas públicas que ha tenido que ofrecer el mismo Presidente de Estados Unidos, y con él, todos los servicios secretos y de seguridad en Washington, demuestran que el escándalo se salió hace rato de las sábanas caribeñas.

Es más, amenaza la aparente tranquilidad con la que Obama venía enfrentando la contienda electoral.

Los republicanos se encontraron, sin tener que pagar un peso, con la mejor excusa para poner en entredicho la seguridad, no sólo del Presidente, sino de la nación. Una exageración, pero válida cuando de política se trata.

La Cumbre de las Américas, tal como se advirtió, marcará un antes y un después de Cartagena. No por los resultados, sino por las consecuencias que tenga el caliente episodio que comenzó en "Pleyclub", el prostíbulo más famoso ahora en la Heroica.

La rumba de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y sus cervezas en La Havana, será poco menos que una anécdota comparada con el "affaire" colectivo de los soldados y militares adscritos a los Servicios Secretos de EE. UU. tres de los cuales ya fueron retirados de sus cargos.

Los balances preeliminares de la Cumbre se tendrán que actualizar con el escándalo, y el más perjudicado, quién lo creyera, será Obama, el menos culpable de los hechos, pero el más comprometido políticamente con ellos.

"Si todo esto se confirma, me enfadaré mucho", dijo Obama al regresar a Washington. Hoy no sólo está iracundo, sino avergonzado. Estar en las portadas de todos los grandes medios estadounidenses por este tipo de escándalos no resulta meritorio, pero ha hecho recordar el publicitado desliz sexual del expresidente Bill Clinton con la exbecaria Mónica Lewinsky.

El Secretario de Defensa de Estados Unidos, León Panetta; y el general Martin Dempsey, alto mando del Pentágono, asumieron la investigación de los hechos y los responsables fueron separados de sus cargos mientras avanza la investigación. Es decir, el tema se ha convertido en un asunto de estado y de seguridad nacional.

La buena imagen de Estados Unidos quedó comprometida en Cartagena.

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