En febrero de 2000 fue la primera vez que entró a la planta de tratamiento de San Fernando. La tecnología de punta, los tanques, la ingeniería, el proceso de tratamiento de las aguas residuales del río Medellín eran un descreste.
Y aunque conocía buena parte del proyecto, Gustavo Adolfo Castañeda Ríos, un empleado de Empresas Públicas de Medellín, que vivía en El Retiro, quedó boquiabierto.
Hace nueve años que Gustavo trabaja en la planta, una obra que fue financiada con un crédito de 130 millones de dólares que en 1994 otorgó el Banco Interamericano de Desarrollo a EPM. Se sabe al dedillo el proceso.
Parece dando cátedra. Explica que las aguas residuales llegan a San Fernando a través de las redes de alcantarillado localizadas en las vías de los barrios, que descargan a los colectores paralelos a las quebradas, los cuales a su vez están conectados a los interceptores localizados en cada costado del río y que, finalmente, van hasta el sitio de la planta donde después de un proceso complejo, el agua vuelve con oxígeno al río Medellín.
Asegura que es un privilegio que la ciudad metropolitana cuente con una obra de esta magnitud. Y recuerda que cuando "bajaba" a Medellín de El Retiro, había un olor fétido que provenía del río. En calidad del aire ya se ganó.
A los 45 años Gustavo es feliz con los 19 miembros de su familia (entre padres, hermanos y sobrinos) a los que ayuda porque "somos muy unidos".
Empezó en EPM trabajando en las cuadrillas y hoy, después de 22 años en la compañía dice orgulloso que es un vigía del medio ambiente de la ciudad.
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