A juzgar por los trabajos finalistas del Premio de Periodismo Gabriel García Márquez, la violencia parece ser un tema general en Iberoamérica.
Esto se desprende de que de los 12 nominados en las cuatro categorías, siete tienen que ver con ella, aunque sea de manera indirecta.
Sin embargo, uno de los encargados del Premio en la Fundación para el Nuevo periodismo, el francés Jean-Francois Fogel, indicó que no es tema único y que tampoco quiere decir que el concurso, organizado por esta Fundación, dé prioridad a los temas de violencia.
"Los 1379 trabajos conforman un abanico amplio de tradición e innovación. Aparecieron algunos de medios pequeños y otros de medios grandes; de publicaciones impresas y de digitales. En síntesis, el nivel fue bueno, diverso y representativo de las tendencias del periodismo de América Latina".
Explicó que si bien muchos temas tienen que ver con violencia, el conflicto armado o la guerra, entre estos hay algunos que se acercan a las relaciones del poder o a contextos históricos.
En los últimos años, añadió el francés, desde antes de llamarse Premio Gabriel García Márquez, es decir, cuando el galardón tenía el nombre de la Fundación, ha venido dándose un creciente interés de los participantes por temas como el medio ambiente y deportes como el fútbol.
Jaime Abello Banfi, director de la Fundación para el Nuevo Periodismo, destacó la gran participación de los periodistas y el apoyo que le han brindado la alcaldía de Medellín y los patrocinadores, Sura y Bancolombia, al certamen. Señaló que el trabajo ha sido arduo porque el concurso se presentó apenas en mayo último.
De aquí y de allá
Crónica y Reportaje, Imagen Periodística, Cobertura Noticiosa e Innovación son las cuatro categorías de este Premio, aparte de Excelencia Periodística, cuya ganadora, Giannina Segnini, se dio a conocer el martes pasado.
En cada una de esas cuatro categorías, 37 jurados de diversas partes del mundo escogieron tres trabajos finalistas.
En Crónica y reportaje, los finalistas fueron La larga risa de todos estos años, del argentino Diego Erlan, una crónica de inmersión en los papeles perdidos, las cartas y las novelas inéditas de Rodolfo Fogwil, el último escritor maldito del país sureño; Carta desde la laguna, del mexicano Alejandro Almazán, en el que se cuenta que desde que los Zetas y el cartel de Sinaloa entraron a la guerra, en 2005, las ciudades de Gómez Domingo y Torreón, son un territorio en el que lo único que prospera es la muerte; Especial Paraguay, de Natalia Viana, de Brasil, una serie de cinco reportajes que narran el proceso de derrocamiento del presidente de Paraguay, Fernando Lugo.
En Imagen Periodística: Padre, hijo y espíritu armado, de Álvaro Andrés Cardona Gómez, de Colombia, reportaje gráfico en homenaje a las personas víctimas del conflicto armado en este país; Azúcar amargo, de Esteban Félix, de Nicaragua, una serie fotográfica que documenta las muertes en Chichigalpa, Nicaragua, y Plástico de doble filo, de Amaro Gómez y otros, de Chile, que reseña la omnipresencia de un material que todos usamos y del que sabemos poco.
En Cobertura Noticiosa: Un sueño llamado paz, de Carlos Julio Betancur y su equipo de RCN Televisión, un documental que ofrece un panorama sobre los grandes momentos que ha vivido Colombia en su búsqueda de acabar con el conflicto; Cobertura sobre desaparición de personas, de Marcela Turati, de México, un reportaje que alude a los impactos de la narcoguerra en ese país, y Memorias No Chumbo o Fútbol nos tiempos de do Condor, de Lucio Castro, de Brasil, investigación sobre las relaciones entre fútbol y dictaduras militares.
Y en Innovación: Chequeando.com, de Laura Zommer, de Argentina, que verifica el discurso público en las redes; Sala negra, de Óscar Martínez y otros, de El Salvador, un cubrimiento en profundidad y narrativo de la violencia centroamericana, y Proyecto Rosa, de Olga Lucía Lozano y el equipo de Proyecto Rosa, de Colombia, una pieza transmedia que da cuenta, a partir de una líder de víctimas y el aporte de diferentes fuentes, de la aplicación de la Ley de víctimas en este país.
Diversas voces
"Son buenos trabajos en su aspecto narrativo. No son aburridos. Le dicen al lector o a la audiencia "tengo algo que decirte", lo toma del brazo, "ven para acá", y no lo deja ir hasta terminar", puntualizó Jean-Francois Fogel.
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