Fue de tal magnitud la explosión que dejó en ruinas el socavón San Joaquín de la mina San Fernando, en el municipio de Amagá , Suroeste de Antioquia, que Wálter Restrepo Uribe, el único herido que dejó el siniestro, fue elevado por un fogonazo cuando estaba a más de 30 metros de la bocatúnel, mientras que a otros tres de sus compañeros que salían detrás de él y estaban a unos 10 metros los destrozó la detonación.
Recostado, bocabajo, en una cama de la sección de rehidratación del Hospital de Amagá, Wálter Restrepo Uribe, un habitante del corregimiento Camilo Cé, no sale del asombro por la forma como salvó su vida después de la explosión del socavón San Joaquín, de la Mina San Fernando.
Este minero, de 31 años de edad, alto y fornido, único herido que dejó la tragedia, mientras que dos enfermeras le hacen curaciones y lo preparan para su traslado a la Unidad de Quemados del Hospital San Vicente de Paúl, relata este jueves en forma pausada lo ocurrido.
Cuenta que cuando terminó el turno, a eso de las 10:40 de la noche del miércoles, había caminado unos 30 metros luego de salir de la bocamina, rumbo al campamento de los trabajadores, donde se iba a bañar, cuando un fogonazo lo lanzó al piso y lo envolvió en candela.
En cuestión de segundos se apagaron las llamas y corrió hacia donde estaban otros tres mineros, amigos suyos, que se le habían adelantado y algunos obreros que se retrasaron para entrar al turno. Fueron ellos los que se enteraron de su estado de salud y lo trasladaron al Hospital San Fernando.
"Escuché una explosión muy fuerte -relata- que me tumbó. De la boca del socavón salió una candela como si fuera un dragón o un soplete gigante y luego la columna de ese fuego se levantó hacia el cielo más de 30 metros". Otros tres mineros, quienes salían unos 10 metros detrás de él, pero que también estaban fuera de la mina, no corrieron con la misma suerte y murieron calcinados en el acto.
Por la magnitud de la detonación y la forma como las llamas brotaron por la bocamina, Wálter presagió un desenlace fatal para sus compañeros: "unos pocos que aún no habían salido del turno y un grupo grande que había llegado temprano para iniciar la jornada de las 11 de la noche. El grupo nuestro, unos 40 hombres, iniciamos el trabajo a las tres de la tarde del miércoles y yo considero que fui uno de los últimos que estaba saliendo cuando ocurrió el accidente".
Está muy triste porque muchos de los muchachos que entraban eran conocidos suyos y los saludaba cuando se cruzaban dentro del socavón. Aunque llevaba sólo un mes trabajando allí como barrenero, ya tenía varios conocidos que quedaron atrapados en la mina.
Wálter, a pesar del dolor y la incomodidad para hablar, porque no se puede recostar ya que su espalda y brazo derecho son una sola ampolla, que las enfermeras cubren con pomada y gasas, relata que lleva tres años como minero y es la primera vez que vivía una experiencia como esa, que, incluso, lo hace dudar de volver a meterse a un socavón.
En cuanto a la mina, que le parecía muy segura, bien aireada y con equipos modernos de protección, no entiende todavía por qué ocurrió la tragedia. Pasadas las 12 del mediodía, cuando ya está estabilizado e hidratado y le controlan el dolor, Wálter es llevado a una ambulancia para su traslado a Medellín.
Magnitud de la tragedia
El médico director del hospital San Fernando, Róger Eduardo Flórez, dice que aunque el personal del establecimiento estuvo en el lugar de la tragedia pocos minutos después de la explosión, prácticamente no tuvo nada qué hacer.
Comenta que la totalidad de los mineros alcanzados por el fuego y los gases, murió. Sólo Wálter sobrevivió y fue trasladado al centro asistencial con quemaduras en el 27 por ciento de la superficie corporal, con compromiso de la espalda y del brazo derecho, lo que da una idea de la magnitud del accidente.
"Con su ARP, que se llama Positiva, ubicamos al paciente en el hospital San Vicente de Paúl, donde le harán un procedimiento de enfriamiento, que consiste en retirarle la piel quemada".
El profesional advierte que allí los especialistas y cirujanos plásticos dirán qué hacer con Wálter.
El médico Flórez no sale de su asombro por lo ocurrido dentro de la mina. No se explica cómo Wálter, que estaba retirado de la boca del socavón, unos 30 metros, resultó tan quemado.
Otros tres de sus compañeros de turno, quienes lo seguían a poca distancia murieron calcinados. ¿Qué pudo pasar con Wálter?, se pregunta el médico. Un milagro como los que suelen ocurrir en estas tragedias.