El sábado 4 de julio se cumplieron 20 años del asesinato del gobernador de Antioquia, Antonio Roldán Betancur, (1988-1989) una de las personalidades más recordadas por el pueblo antioqueño.
Nacido en Briceño y enamorado de Urabá y el Atlético Nacional, a sus 43 años la violencia heredada del narcotráfico acabó con su vida.
Obras dejó para la posteridad, pero sobre todo, centenares de amigos. Muchos son los lugares que hoy lo mantienen en la memoria: la villa deportiva, el intercambio vial de la calle 30 con la avenida El Poblado, la casa de la Cultura y el parque en su natal Briceño.
A su muerte dejó dos hijas, de 4 años y 8 meses, una esposa y una familia que lo recuerda como si fuera ayer. Las investigaciones sobre su muerte aún no son claras. Algunos afirman que fue una equivocación, otros que los capos del narcotráfico de ese entonces ordenaron la activación del carro bomba que segó su vida ese martes 4 de julio de 1989.
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