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Tras ver la muerte cerca, el DIM le dio una nueva oportunidad

Antes de su llegada al rojo el Alcatraz García sufrió un accidente automovilístico en el que señala se salvó de milagro. Hoy valora más la vida.

  • Tras ver la muerte cerca, el DIM le dio una nueva oportunidad
08 de febrero de 2014
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Es cheff por vocación, ave por apodo, padre y esposo por amor y futbolista de profesión. Se trata de Gilberto el Alcatraz García que esta semana firmó su contrato con el Independiente Medellín, pero más allá de su registro deportivo hay una historia personal, que comenzó su segundo capítulo el 10 de enero de este año cuando se accidentó en Valladolid, España.

"En ese momento estaba tomando unas pastillas que son muy fuertes para conciliar el sueño. Ese día me entró ansiedad y salí cuando no debía. Me quedé dormido manejando y, cuando desperté, el carro estaba volcado. Estuve unos 15 minutos atrapado con el volante y no podía mover mis piernas. Me desesperé y lloré, porque no sabía si tenía una lesión o no".

Afortunadamente ese día Gilberto burló la muerte y salió ileso. No quiere repetir un hecho similar y hoy se concentra en ser cada vez un mejor esposo con Paola Narváez y un mejor padre para Thiago.

Es amante de la cocina. Dice que desde que tuvo uso de razón siempre le gustó la comida de mar. Tiene lógica, porque su padre, que también fue futbolista, era pescador. De allí surgió el apodo de Alcatraz pues él pescaba lanzándose al mar como lo hace el famoso pájaro.

"Heredé el apodo y aprendí a cocinar llamando todos los días a mi mamá durante el tiempo que estuve viviendo solo. Así aprendí y vi que tenía las capacidades de hacer cualquier plato. Yo hago lo que sea y me fascina cocinarle a mi familia", cuenta.

También es amante de los vallenatos y la música de Diomedes Díaz. "Desde pequeñito las escuchaba y aunque no tengo una favorita, todas las de él las disfruto".

Solo va a cine a ver comedias para reír con su familia. Comenzó a jugar al fútbol a los cinco años con el Tolima, equipo en el que actuaba su padre: "pasé por todas las categorías. Lastimosamente mi padre murió cuando cumplí 14 años y eso fue un golpe muy duro, porque siempre estaba a su lado. Seguí entrenando aunque mucha gente no creía en mí. Nunca bajé los brazos y de un momento a otro me llegó la oportunidad".

Gilberto debutó en el 2006 como sub-19, desde eso entendió que era un privilegiado por hacer lo que le gusta: "aprendí a vivir del fútbol y hoy estoy muy contento de pertenecer a una institución como el Medellín".

Hace año y medio vivió el momento más feliz de su vida que fue el nacimiento de su hijo: "fue algo soñado, una bendición de Dios y el día que me lo entregaron sentí una emoción indescriptible".

Los tatuajes que tiene regados por su cuerpo no son simples dibujos sino que cada uno de ellos tiene un significado especial.

"El primero que me hice fue de Alcatraz, en la espalda. Tengo también tatuada la fecha en que murió mi padre".

Gilberto es muy religioso y, además del día del accidente, dice que siente la presencia de Dios con él cada día.

"He tenido muchas oportunidades y cosas lindas en la vida. En cada momento y cada cosa que hago siento que él me está guiando".

La frase que más recuerda la escuchó del técnico Jorge Luis Bernal. " Un día me dijo que creía en mi y que yo iba a llegar a la Selección y al fútbol europeo, pero que le hiciera caso".

Y es que Gilberto reconoce que fue rebelde un tiempo, sobre todo, en la etapa en que recién comenzó a jugar. "Hasta los 20 años fui díscolo y tuve muchos problemas con él, pero el profe no dejó de creer en mi. Tiempo después volvimos a hablar y cuando se dio lo de Europa y la Selección, él fue el más contento y me lo sacó en cara (risas)".

El argentino José Pekerman fue quien le dio la oportunidad de vestir la camiseta tricolor. "La primera convocatoria que me hizo fue en 2012 aparte de los microciclos. Ahí ya tuve varias más. En 2013 estuve en una y desde ese momento no he vuelto a ser llamado".

Gilberto dice que no fracasó en España, porque contaba con la confianza de los técnicos: "ellos me decían que estaban contentos conmigo, pero no recibía las oportunidades que quería, por eso decidí volver".

Ahora espera escribir otro capítulo de su vida con el Medellín, que esté marcado por las alegrías, no por las tristezas y los malos ratos.

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