Dice el señor Santos que aspira a que los colombianos continuemos con sus políticas y que por lo tanto aspira que elijamos nuevamente su nombre, para regir los destinos de la Patria el 25 de mayo del 2014.
A renglón seguido nombra a Vargas Lleras como su escudero y director de la Fundación ¿Buen Gobierno? para distanciarse de los partidos que lo han mantenido con apoyo incondicional, desde el Congreso y con defensores permanentes de sus ¿ejecutorias y políticas?, en pro del bienestar de los colombianos.
Abandonó totalmente la política de seguridad democrática que fue una de las banderas para su elección, la inversión está paralizada a la espera de lo que sucederá en La Habana.
La desconfianza en la justicia raya en extremos muy peligrosos, hasta el punto de incrementarse las acciones retaliativas que buscan conseguir justicia con mano propia.
El abandono del campo se muestra con los paros de sectores que nunca antes se habían hecho sentir de esa forma.
En los pueblos apartados como Acandí, en Chocó, se hacen manifestaciones enarbolando banderas de países vecinos, mostrando el descontento con la nula atención de este gobierno a las regiones.
Es un hecho: el centralismo y la visión netamente bogotana de los funcionarios que acompañan a Santos es, tal vez, la mayor afrenta que hemos sufrido los colombianos que poblamos las regiones.
Con este señor se entronizó nuevamente la visión sesgada del país. Allá creen que los provincianos somos incapaces y frenan las regalías.
Este tipo de actos, antes que originar beneficios, generan la corrupción de los funcionarios que ven en esta situación posibilidades inexploradas para conseguir, con coimas y engrasadas, denarios adicionales a sus ingresos laborales. Yo le colaboro con el desembolso y usted me ayuda con algunas necesidades apremiantes.
Esta visión ha sido acolitada por los medios de comunicación con asiento en el altiplano y ellos, agradeciendo la mermelada de la publicidad del Estado, trabajan continuamente como campanas de resonancia, multiplicando y exagerando como ellos lo saben hacer, las pequeñas cosas que este gobierno ha realizado y minimizando o dejando pasar los escándalos de la reforma a la justicia, promovida por el Ejecutivo; la reforma al sistema de salud que antes que nada, ha originado desconcierto y parálisis en el progreso de las EPS, algunas de las cuales son ejemplares en su funcionamiento pero que con ese ruido, que las mete a todas en la misma canasta, han visto menguada la confianza de sus usuarios.
Dicen los defensores de oficio del señor Santos que quienes nos hemos opuesto a las conversaciones de impunidad de La Habana somos enemigos de la paz.
Algunos nos meten en la Mano Negra, organización que solo existe en las mentes calenturientas de los amigos de las Farc, o los defensores acérrimos de este proceso inconsulto.
Nos ponen la lápida en la espalda, pero eso es el común denominador de quienes han actuado durante más de cincuenta años al margen de la ley y de los otros que en la sombra han sido los propulsores de esa lucha armada injusta y terrorista en contra del pueblo colombiano.
¿Tendremos arrestos para negar la reelección de quien nos engañó?.
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