Nutre tu alma con sueños poderosos y sublimes que te lleven a apasionarte por la vida.
Sólo los seres apasionados logran grandes cosas y llenan de significado su vida y las de otros.
Eso sí, mantén los pies en la tierra, para que los sueños no sean vanas ilusiones y no persigas sombras o espejismos. En efecto, una fe de puras palabras es vacía y, como dijo Jesús: "el árbol se conoce por sus frutos".
Cuando la duda te carcoma, vuelve a creer y, si te sientes inseguro, cree con mayores bríos y una firme determinación. Dios no te abandona cuando te sientes amenazado por fuerzas adversas y enfrentas oprobios e insidias.
Acércate al fuego de aquellos que se mantienen firmes, ya que un carbón aislado se apaga, pero unido a otros da energía.
La fe te da una fuerza superlativa y no te deja hundir. Sólo con ella alcanzas un entusiasmo arrollador.
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