Por estos días, los grupos delincuenciales o llamadas bacrim han vuelto a cobrar importancia con el llamado a paro que hicieron en la zona del Urabá antioqueño y parte de la costa, buscando intimidar y sembrar temor en la población ante la muerte de uno de los cabecillas, alias Giovanny.
Hoy, el empoderamiento del Estado y la presencia de la Fuerza Pública en las regiones apartadas del país debe seguir convirtiéndose en una prioridad.
No es posible que las bandas delincuenciales paralicen el transporte y el comercio en gran parte del territorio nacional, como consecuencia directa de las falsas desmovilizaciones y el fantasma de las autodefensas.
Estos grupos criminales siguen actuando en alianza con las Farc, bajo el mismo paraguas del narcotráfico. Para este 2012, el Gobierno debe ser consciente de la magnitud del problema de las bacrim.
Aunque la guerrilla sigue sembrando miedo en departamentos como Cauca, unas de las prioridades en materia de seguridad debe ser la derrota de los grupos delincuenciales que vienen cogiendo ventaja.
Es claro que lo que viene sucediendo en el país es producto de sujetos que provienen de las autodefensas, otros tantos desmovilizados que siguieron delinquiendo y la perversa alianza con las Farc para seguir enviando droga a otros países.
Así mismo, otro de los grandes retos, no solo para el Gobierno, sino para los mandatarios locales, como en el caso de Medellín, es buscar las mejores alternativas y frentes de seguridad posibles en contra del microtráfico de drogas que se viene presentando en las comunas. Además, es necesario frenar males tan generalizados en la población como los robos, las vacunas y los homicidios, que lo único que generan es mayor violencia, pobreza y desempleo.
Que en 2012, el Gobierno no se quede en propuestas y llamados, y que tampoco se comprometa a cumplir lo que no puede cumplir, sino que con los hechos demuestre verdaderamente por qué estamos de "luna de miel". Porque, hoy por hoy, el diálogo, el aspecto social, los campesinos, desplazados y desempleados han vuelto a cobrar importancia en Colombia, donde el Estado siempre debe estar un paso más adelante que la delincuencia, y no al contrario, como parece que viene sucediendo en algunas regiones.
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