La presentación ayer del análisis sobre la calidad de vida de Medellín en el periodo 2008-2011, es decir, durante la administración de Alonso Salazar, no cierra un círculo.
Por el contrario, lo abre de nuevo, pero sobre unas bases más sólidas y consistentes con los retos que tiene la ciudad para el próximo cuatrienio.
En esa especie de carrera de relevos que significa que cada cuatro años tengamos un mandatario local distinto, en el caso de Medellín, por fortuna, se viene consolidando un modelo de ciudad con más continuidad que rupturas.
De ahí que los resultados objetivos y subjetivos que entregó el corte de cuentas de los últimos cuatro años en Medellín sean insumos fundamentales para la elaboración, ejecución y medición de las políticas públicas del alcalde Aníbal Gaviria en materia de la calidad de vida de la ciudad.
No resulta fácil hacer una fotografía de cada uno de los 16 sectores que hacen parte del análisis, pero sí es conveniente insistir en aquellos que mayor incidencia podrían tener en relación con la calidad de vida.
En ese orden de ideas, no es casual que el tema del empleo haya sido en estos últimos cuatro años la principal preocupación de los medellinenses.
Y segundo, que la inseguridad siga afectando directamente aquellos componentes de calidad de vida asociados a la educación y la salud y, por añadidura, socavando uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia: el derecho a la vida.
Es paradójico que mientras Medellín tiene los indicadores de calidad de vida más altos del país y los niveles de satisfacción más positivos respecto de la administración pública, los índices de homicidios durante el último cuatrienio hayan aumentado poco más del 52 por ciento, con un promedio de 69 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.
Somos la segunda ciudad más violenta de Colombia, después de Cali, y la 14 en América Latina.
Las causas son conocidas, pero demandan nuevas estrategias. No es posible enfrentar sólo con más Fuerza Pública el microtráfico y la disputa territorial que éste genera entre los combos de la ciudad. Hay que recuperar el concepto de ciudadanía, pero no para ser sujetos de derechos, sino también de deberes y responsabilidades.
Tiene el alcalde Aníbal Gaviria un reto descomunal en esta materia, pero es alentador saber que su programa de Gobierno 2012-2015 pone el énfasis en la protección de la vida, en el crecimiento con equidad y en el desarrollo sostenible y sustentable.
Lo que hay que valorar y mantener son los innegables avances que ha tenido la ciudad en los últimos años. Y entre lo más valioso que resulta de este ejercicio de seguimiento a la política pública, sin duda, contar con información confiable y permanente de los indicadores de gestión es una ventaja estratégica que no se puede descuidar.
De ahí que sea oportuno llamar la atención de la actual administración de Medellín para que se fortalezcan los indicadores objetivos de medición y se implementen los que aún no existen, como es el caso del emprendimiento.
Todos los esfuerzos que se han hecho durante los últimos años para crear una cultura de la innovación y el empresarismo obligan a diseñar mecanismos de medición que permitan saber qué incidencia han tenido y seguirán teniendo las distintas iniciativas implementadas para tales fines.
Sobre todo, por los comprobados efectos que una cultura del emprendimiento tiene sobre sectores clave para mejorar la calidad de vida, reducir los niveles de pobreza, aumentar el empleo, combatir la ilegalidad y la delincuencia, y generar desarrollo con equidad.
Medellín es un ejemplo internacional en alianzas público-privadas y el Alcalde sabe, por experiencia como Gobernador de Antioquia, que es necesario trabajar de la mano con el sector empresarial, académico, científico y social de la región.
Las buenas experiencias de la Alianza por la Equidad que adelantó en Antioquia, sin duda, deben ser replicadas en el contexto local, máxime ahora cuando existe también una alianza con el gobernador Sergio Fajardo.
El Concejo y la Asamblea deben ser actores decisivos en la construcción de esa ciudad-región, sin apetitos burocráticos ni cálculos políticos.
Vamos por buen camino. Medellín ha logrado revertir históricos índices de pobreza e indigencia, pero sigue siendo desigual. Hoy tenemos más cupos escolares, pero se necesita mejorar la calidad de la educación. Hoy hay más mecanismos de control, pero la participación ciudadana es baja.
En resumen: Medellín necesita de la participación de todos para convertirla en un "hogar para la vida".
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