Sentado en el quicio de la humilde vivienda, una noche el pequeño Juan Felipe Osorio les contaba a sus papás que se veía lejos, porque no quería ser del común.
La expresión de los sueños del muchacho no tardó mucho tiempo en hacerse realidad, porque el criado en la vereda Ojo de Agua, en Rionegro, conocía lo efímero pero dichoso de la gloria en Aguascalientes, en México.
El cuento del nacido en La Unión se hace grande y consistente, con dos medallas en igual número de salidas a la mágica pista mexicana, en la que Juan Felipe suma un oro y un bronce en el Panamericano juvenil, certamen que lo mira como una de sus figuras.
El ciclista de 18 años tiene fama de aguerrido entre los suyos. Incluso es de los que toma la guadañadora del papá Albeiro de Jesús, cuando vuelve de los largos entrenamientos, en los que los compañeros dicen que se hace casi que imposible seguirle el paso por la dura marcheta que impone.
La bicicleta, como en muchos casos, le ganó al estudio, porque después de haber coronado el bachiller, se puso la meta de ser un corredor que incluso ya tuvo la fortuna de estar en una Vuelta del Porvenir.
Gabriel Jaime Vélez, uno de los técnicos de Orgullo Antioqueño, le abrió las puertas luego de que el preparador físico Jorge Arbeláez le mostrara el camino para llegar al elenco paisa en el que es mirado como un muchacho serio, disciplinado, de notables condiciones y con unas ganas bárbaras de ser buen ciclista.
"Juan Felipe se ve en el deporte, primero como ciclista y después como estudiante de una rama afín", dice la madre de familia, Claudia Arboleda, quien cuenta, además, que el jovencito es de los que se sabe cuidar con la comida.
Juan es de los que desayuna pastas con atún, arepa con cuajada, en vez de acompañarla con queso o quesito. Pero la clave en él es que se ve lejos como lo dijo cuando era apenas un niño.
Por el momento está en Aguascalientes, donde le mete el diente a la pista y a la ruta. "Quiero contar una historia". Y en México la comienza a escribir, con el oro de la prueba por puntos y el bronce de la persecución.
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