El Líbano se ha convertido en un abarrotado "campo de refugiados" al acoger a más de un millón de sirios que han huído de la guerra civil en su país, lo que supone la mayor concentración per cápita mundial de desplazados.
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) informó ayer, en un comunicado, que el número de sirios en el territorio libanés superó ayer el millón, "un hito devastador agravado por unos recursos que se agotan rápidamente y una comunidad de acogida en un punto de ruptura".
Los sirios suponen actualmente un cuarto de la población del Líbano, un país con una superficie de 10.230 kilómetros cuadrados y poco más de cuatro millones de habitantes. El responsable de ACNUR, Antonio Guterres, subrayó que la afluencia de un millón de refugiados es masiva para cualquier país y, aún más en el caso del Líbano, "una pequeña nación que sufre dificultades internas".
La configuración demográfica de muchas regiones libanesas está cambiando, como el valle oriental de la Bekaa, donde habita la mayor parte de los refugiados, 340.000.
La portavoz de ACNUR en esta zona, Lisa Abu Jaled, reconoció a Efe que "definitivamente es una carga para el Líbano": "Hay muchos pueblos de la Bekaa, donde hay más refugiados sirios que vecinos libaneses, y esta es una área rural donde ya había déficit de infraestructuras y de servicios básicos".
Además, "las necesidades de los sirios son múltiples, ya que muchos llegan solo con lo puesto", indicó la portavoz, que señaló que la ONU está respaldando también a los ayuntamientos para poder atender a los desplazados.
Hasta ahora, la ONU solo ha conseguido el 13 % de los fondos que necesita para poder ayudar a los sirios en el Líbano. Donde el organismo internacional no llega, la solidaridad de los propios libaneses alcanza.
Un ejemplo es el caso de Abu Ali, dueño de una tienda y terrenos en Kobet al Chumra, en la región septentrional de Akkar, que intenta ayudar "siempre que puede" a sus vecinos sirios.
Él calcula que puede haber unos 10.000 sirios en el área, la mayoría en improvisados campos de refugiados, porque las autoridades libanesas no quieren establecer campos oficiales por temor a que se queden de forma indefinida, como ha pasado con los palestinos.
"Aquí los sirios están en todas partes, muchos no están registrados en la ONU; yo a veces les doy comida y ropa", dijo Abu Ali a Efe.
Esta región libanesa vive de la agricultura, que emplea, sobre todo, a mano de obra siria porque es más barata pese al alto desempleo entre la población local.
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