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LUCES DE UNA JORNADA DE ORACIÓN POR LA PAZ

  • LUCES DE UNA JORNADA DE ORACIÓN POR LA PAZ
10 de junio de 2014
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Inédito y sorprendente fue el encuentro que tuvo el Papa Francisco con los presidentes de Israel, Simon Peres, y Palestina, Abu Mazen, para orar por la paz en Medio Oriente.

También fue invitado el patriarca ortodoxo Bartolomé I, como representante de esa gran y antigua denominación cristiana.
No se trató de un evento político sino de un acto netamente religioso. El único objetivo era orar juntos, judíos, cristianos y musulmanes.

Ese día no importaban los aspectos que separan estas tres religiones. Más bien, lo que primaba era aquello que las une: la creencia en un solo Dios, la conciencia de que el bien dignifica al hombre porque para ello ha sido creado, la petición de perdón por los pecados cometidos y la manifestación del anhelo por la paz.

Me gustó el esquema de esta oración que cada uno de los representantes realizó y que se dividió en tres partes: la primera habla de la creación, un regalo de Dios al hombre, buena por esencia. Luego la petición de perdón, que  indicaba cómo el pecado del hombre lo ha alejado, tanto a él como a la creación, de su fisionomía original. Después la invocación a la paz, la cual solo se alcanza cuando los corazones están reconciliados, cuando cada una de las partes es capaz de perdonar sinceramente y de ceder en lo que más le cuesta para buscar el bien común.

Francisco reconoce que no hay nada más eficaz que la oración. No se trata de algodoncitos que buscan amortiguar los golpes de la guerra, tampoco de buscar mágicamente que haya paz sin ninguna cooperación humana, y mucho menos, se trata de una fachada o de una cortina de humo frente a las hondas rupturas que hay entre ambas naciones.

Orar es reconocer que si somos hermanos, tenemos un Padre en común a quien debemos acudir para que fortalezca en cada corazón ese deseo de paz, de modo que pueda traducirse en obras concretas.

“Para conseguir la paz se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra”, dijo el Papa Francisco en su discurso.
Esa frase me dejó pensando. No solo en Medio Oriente sino en el contexto que vive hoy Colombia. Una paz dialogada implicará siempre que cada una de las partes renuncie a varios de sus intereses en pro del bien común. Implica que cada quien reconozca con sensatez que se ha equivocado. Es necesario que las propuestas negociadas favorezcan el todo y no a la propia parte. Esa actitud es mucho más heroica que la de quien busca triunfar a toda costa, con manipulaciones, engaños y queriendo llevarse la mejor tajada sin pensar en cuántos perjudicados pueden quedarse en el camino. Eso es, más bien, un oportunismo barato.

La invitación del Papa a orar por la paz responde al llamado que hace constantemente a la Iglesia a “salir a las periferias” a anunciar el mensaje reconciliador que trae Cristo, incluso para quienes aparentemente se muestran más hostiles pero que a lo mejor pueden acoger con mayor docilidad el llamado a construir la verdadera paz.

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