"Bienvenidos", dice en tono amable Tulio al abrir la puerta marcada con el número 201 del Edificio Fuente de Neriba, en Medellín, en donde trabaja como empleado del servicio doméstico.
Sí, como empleado doméstico. En ese apartamento, los martes y jueves, de 7:00 a.m. a 4:00 p.m., Tulio Rodas Estrada es el encargado de barrer, trapear, lavar ropa, planchar, organizar el desorden de cuatro mujeres y un hombre, mover cajas y cocinar.
"Nadie me toca a Tulio", exclamó hace más de un mes Jesús Vélez Arango, luego de ver cómo Tulio había organizado su ropa interior y exterior en el primer día de prueba. La patrona, Angela María Toro Henao, esposa de Jesús, ya venía con la idea de probar con un hombre en estas labores, porque se cansó, luego de 30 años, de lidiar con mujeres quejumbrosas y desatentas.
La última a la que le ofreció un empleo le preguntó, de entrada, "¿la casa es muy grande? ¿Hay que hacer de comer? ¿Cuántas personas son?". "Tranquila, yo la vuelvo a llamar", le dijo la desesperada Angela María, quien, como plan B, acudió a Tulio, quien fue recomendado por un amigo de su yerno.
"Tengo dos días libres. ¿Cuándo quiere que arranquemos? ¿A qué hora quiere que llegue? Si me dice que a las 5:00 a.m. a esa hora estoy allá". La cortesía y respuestas como estas la convencieron de que Tulio era su mejor opción.
"Me encanta la platica y me siento a gusto con mi oficio, porque me va mejor que cuando trabajaba en una empresa", confiesa el sesentón al que no le provocó estudiar más allá de segundo de bachillerato. Once años estuvo en la nómina de una fábrica de bolsas de papel. También pasó por las lavanderías Real y Laureles, donde aprendió a hacer lo que más le gusta: planchar ropa, pero que ojalá no sea pequeña.
Cuando era mocetón regó inútilmente hojas de vida y decidió abrirse paso como empleado doméstico. Ha servido en más de diez hogares, en uno de los cuales colaboró durante una década, y en ninguno lo han hecho aburrir.
Tulio mezcla fuerza, rapidez, soltura y delicadeza en sus oficios. Claro, no todos le gustan. Lo que más le aterra es lavar los baños. "Eso lo hago por la última". De sazón, confirma su patrona, está bien, y por él sacan la cara los fríjoles, el mondongo y las ensaladas. Durante la semana va a cuatro casas de familia. Solo descansa el domingo, pero si lo necesitan cambia el día libre por los 33.000 pesos que le pagan sus patronos.
¿Le avergüenza su trabajo, Tulio?
"Para nada. Más vergüenza debe dar que lo vean a uno robando. De resto, nada. Me siento bien y no me imagino en otro oficio".
¿Interno otra vez? No
"¿Que por qué trabajo como empleado doméstico? Simplemente porque no tengo a nadie en la vida y nadie me dio una mano para hacer algo distinto".
Él es Luis Fernando Ortiz. Nació en Salgar, hace 43 años, y poco le gusta hablar de su infancia, pues como huérfano rodó de casa en casa, de colegio en colegio y de internado en internado. En Medellín se familiarizó con el trabajo doméstico en la casa de una amiga, que era funcionaria del Instituto de Bienestar Familiar. Después del colegio iba y le ayudaba con la limpieza y otros menesteres. También fue vendedor y vigilante en una legumbrería, que le sirvió para conectarse con "las señoras bien" de El Poblado.
"Fui interno por necesidad y no lo volvería a ser ni en una reencarnación". No tenía un hogar fijo y necesitaba el dinero para vivir. Pero hoy le aterra pensar que las 11:00 p.m. lo vuelvan a sorprender lavando loza o estregando el piso, luego de haberse levantado a las 5:00 a.m. para despachar a cinco muchachos para el colegio y la universidad.
Luis Fernando ha cambiado mucho de trabajo, pero casi siempre ha girado alrededor de una sola y amplia familia de estrato alto. En la actualidad presta sus servicios, por días, en cinco casas, recibiendo a cambio una remuneración que oscila entre 30.000 y 35.000 pesos por jornada.
¿Ese dinero le da para vivir?
"Me alcanza, porque soy muy organizado. Pago el arriendo, mis gastos personales y hasta me queda para echarme una canita al aire y viajar por el Suroeste". Además, se siente muy valorado por todas las familias a las que ha servido. "Muchos dicen: ¿cuándo serán las 7:30 de la mañana para que llegue Luis a hacernos el desayuno. Me agrada que me digan que todo me quedó delicioso".
¿Y qué le comentan sus amigos?
"Me felicitan, porque hay que tener paciencia y sabiduría para aguantarse uno a cinco patrones distintos".
Tanto Luis Fernando como Tulio están rompiendo ese mito de que el trabajo doméstico es solo para las mujeres.
No hay tal. De 691.000 personas que laboran en el país como empleados domésticos, 35.000 son hombres, incluyendo allí a jardineros, mayordomos y conductores. No se sabe, a ciencia cierta, cuántos son colegas de Tulio y Luis Fernando. Lo que sí parece es que quieren abrirle más espacio en las casas al sexo masculino, como lo dijo el 53,6 por ciento de los consultados por este diario.
Si pudiera, Angela María tendría más de uno: "De ahora en adelante esa será la decisión a tomar, si Tulio se va".
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