Hace apenas dos días el presidente Juan Manuel Santos pronunció una frase en la base militar de Tolemaida que pasa desapercibida en medio de un discurso protocolario: "Las de hoy son las mejores Fuerzas Militares en los 200 años que llevamos de República independiente".
La declaración es un mensaje de motivación a la tropa, tal como lo ha reiterado en los casi nueve meses del actual proceso, cuando sostiene que gracias a la ofensiva militar, que debilitó a las Farc, es que ese grupo insurgente se decidió a dialogar para buscar una salida negociada al conflicto.
Esta posición es determinante para que los diálogos de paz en Cuba transcurran en medio de la confrontación armada entre el Estado y la guerrilla, a pesar de los constantes pedidos de las Farc de pactar una tregua. Incluso, entre noviembre y enero pasados se dio un cese el fuego unilateral.
"El Gobierno no desea permitir un fortalecimiento militar como ocurrió en el Caguán, pero sí mantener la ventaja militar conseguida en los últimos 10 años con la modernización de las Fuerzas Militares", indica el general retirado de la Policía Jairo Delgado, director de análisis del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría.
Acuerdos parciales
En los ocho meses y medio de los diálogos, hasta ahora, hay un acuerdo parcial en el tema de tierras y desarrollo agrario que, según Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno, "permitirá el progreso del campo y cerrar la brecha entre el país urbano y el sector rural".
El segundo tema que se discute en el XII ciclo en Cuba mantiene polarizado al país por el intenso debate de la participación política y la discusión del Marco Jurídico para la Paz, la base legal de una desmovilización de las Farc. Según el presidente Santos, el proceso permite "la transición de las Farc de grupo ilegal a fuerza política y cambiar las balas por ideas".
Mientras el Jefe de Estado recibe el respaldo de organismos multinacionales como la ONU y varios Gobiernos por buscar una salida negociada al conflicto, en Colombia se enfrenta a un sector opositor, encabezado por actores cercanos al "uribismo", quienes cuestionan el proceso de paz por las "excesivas concesiones" a la guerrilla, a pesar de sus crímenes durante el conflicto.
También señalan al mandatario como responsable del deterioro en la seguridad del país. Desde el año pasado se evidencia el aumento de emboscadas a tropas, ataques a la infraestructura (oleoductos, torres de energía), según informes de observatorios como Centro de Seguridad y Democracia, de la Universidad Sergio Arboleda.
En contraste, el Ministerio de Defensa indica que los ataques se concentran en el 10% del país. "En 1.019 municipios no hay ataques".
En medio del debate a favor y en contra de los diálogos, analistas del conflicto como Christian Voekle, de la ONG International Crisis Group, ven una oportunidad real con el actual proceso. "Antes las Farc tenían más para ganar, ahora más para perder, por eso son más pragmáticas en la mesa que en su discurso mediático que suena radical".
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