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Las erratas en cadena

  • Las erratas en cadena
01 de enero de 1900
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Las erratas en cadenaPor
Víctor León Zuluaga Salazar

El lector Federico Díaz González pregunta: "tenga la bondad de informarme cuál es la posición de EL COLOMBIANO con respecto a publicar textualmente las citas de lo que dijo una persona o corregirlas en busca del buen uso del idioma; me refiero concretamente a lo que, según EL COLOMBIANO (página 3a, 7 de enero de 2008), dijo el Ministro de Protección Social, a saber: "(...) tiene dificultad por problemas de un parto mal atendido en el genoma de los miembros superiores, en uno de sus brazos".

Y agrega: "no se necesita ser médico ni genetista para darse cuenta de que esa frase no tiene pies ni cabeza pues cada ser vivo tiene un solo genoma. ¿Debe un medio de comunicación publicar las citas sin corregirlas? ¿Es más importante la fidelidad a lo que dijo la persona citada o emplear bien el idioma? En este caso, ¿cuál es el derecho de los lectores?".

Se refiere el lector a la información titulada "Emmanuel podría estar en casa en pocos días", de la agencia de noticias Colprensa, publicada en el Tema del Día el lunes 7 de enero, página 3a. Se trata de un texto secundario, de sólo 350 palabras en cuyo séptimo párrafo aparece la errata:

"Ahora, luego del tratamiento, aseguró que es "un niño contento, con humor", aunque "tiene dificultad por problemas de un parto mal atendido en el genoma de los miembros superiores, en uno de los brazos".

El editor de la agencia de noticias respondió que "la nota fue hecha con base en las declaraciones del Ministro, en entrevista telefónica. Se tomó textual. Por lo tanto, la queja del lector tiene razón de ser. Lamentamos no haber hecho la corrección debida a la hora de editar el texto".

Y el periodista que editó el contenido para su publicación explicó que "de acuerdo con la consulta al equipo de redacción de la agencia Colprensa, se cometió un error en la redacción desde la fuente original en Bogotá y luego de nuestra parte, al no corregir la cita textual del Ministro de Protección. La cita se refería a los problemas del niño Emmanuel durante su nacimiento, debido a una mala posición que al momento del parto dificultó su salida. Y ante la fuerza ejercida por el guerrillero que asistió el parto, se produjo una fractura de uno de los brazos. Esta fue la situación que debía ser explicada por la cita del funcionario".

"Como lección, agrega el periodista, queda la necesidad de no pasar por alto las citas textuales y corregirlas, cuando así se requiera, por encima de la premisa de respetar al pie de la letra, y en aras de la fidelidad, las declaraciones de los entrevistados".

Es evidente que aquí se presentó una errata encadenada. El periodista de la agencia Colprensa que entrevistó al Ministro trascribió mal su declaración, o no la enmendó, si el error fue del funcionario. La información llegó a la redacción de EL COLOMBIANO en esas condiciones y el periodista que la retomó y no la corrigió, como era su deber. Tampoco lo hizo el editor encargado. Total, la información fue publicada con la errata.

Los errores hay que controlarlos desde la fuente porque suele ocurrir que se les cuelan a las demás instancias que intervienen en el proceso de edición. Los errores empobrecen los contenidos, restan credibilidad y suman desconfianza.

El periódico Crónica, de México, inicia su código de ética así: "Todo periodista debe siempre tener presente su responsabilidad en cuanto a la forma en que comunica su información. Aquel periodista que comete faltas graves a la gramática y ortografía españolas se convierte en cómplice de una degeneración innecesaria del lenguaje. Se trate de noticias, reportajes, crónicas o artículos, los materiales publicados deberán estar escritos con rigor profesional y creatividad"

Es necesario insistir en la necesidad de publicar una fe de erratas con regularidad. La publicación tiene múltiples beneficios: se reconoce el error sin tapujos, se corrige la información, se previenen nuevos errores, se respetan los derechos del lector y se recupera la credibilidad. El Manual de estilo y redacción de EL COLOMBIANO establece la norma para que los errores sean enmendados "con franqueza y claridad" en la próxima edición.

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