A medianoche, una camioneta de la Policía llegó apresurada a la portería de la Policlínica Municipal de Medellín. En el platón, un hombre luchaba contra la muerte en medio de un charco de sangre. Los agentes recogieron al paciente en una calle del Centro.
Una mujer que acompañaba al herido no lo desamparaba y cuando los vigilantes sacaron una camilla, ella ayudó a subirlo. En cuestión de segundos, tras una gigantesca puerta metálica, desaparecieron la camilla, la mujer y los porteros.
Quienes observaron la escena, vendedores de minutos y tinto y familiares de otros pacientes, con rostros de terror, empezaron a comentar sobre lo que le pudo haber ocurrido al herido.
Es sólo uno de los dramas que, a diario, se viven en este, considerado el principal centro de atención de víctimas de hechos de violencia en Antioquia. La tensión se nota en las caras de hombres y mujeres que se hacen frente a la puerta esperando noticias de sus amigos y seres queridos recluidos allí.
"Aunque llevo varios años trabajando en este lugar, no me acostumbro a ver tanta angustia, que en algunos casos se convierte en agresiones contra las personas que laboran en este hospital, incluso contra médicos, como ocurrió recientemente que un hombre le iba a pegar a un doctor", comentó un vendedor de tintos.
Mientras tanto, un joven sin camisa insistía para que lo dejaran entrar, porque acababa de llevar a su tío baleado. "El señor estaba sacando su carro de un parqueadero y le pegaron un tiro en la cabeza, por eso este muchacho está tan preocupado", explicó un testigo.
En ese momento uno de los médicos, que no aparenta tener más de 30 años, salió a fumar y una mujer de avanzada edad se le acercó a preguntarle por su hijo, porque le dijeron que tenía un tiro en el hígado. El profesional, con mucha paciencia, le explicó que iban a hacer lo posible por extraerle la bala, pero que era de alto riesgo, por lo que debían hacerle varios exámenes.
El médico indicó que desde junio vienen con un trabajo muy agitado, sobre todo los fines de semana cuando hay quincena.
"Nos están entrando muchos intoxicados, heridos por arma blanca y de fuego, en especial del Centro, aunque aquí nos llegan pacientes de toda Antioquia y hasta del Chocó", indicó.
Como caso curioso anotó que el 19 de diciembre les ingresaron 18 pacientes acuchillados y ninguno por arma de fuego.
La angustia rodea a Policlínica, donde médicos y enfermeras todos los días trabajan para arrebatarle víctimas a la muerte.
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