No queremos sobredimensionar el momento de inseguridad que afecta varias zonas del departamento y algunos sectores de Medellín. Pero tampoco queremos dejar de cumplir con el deber de atender los clamores ciudadanos que señalan un preocupante clima de tensión y temor, debido a la presión de grupos armados ilegales estrechamente ligados al fenómeno de las bandas criminales que actúan en llave con el narcotráfico.
Las cifras de homicidios en el Nordeste de Antioquia, en especial en los municipios de Segovia y Remedios, y la circulación de panfletos amenazantes contra la población civil, tienen bastante intranquilos a cientos de habitantes de esa región caracterizada por su riqueza aurífera y por sucesivos pasajes de violencia paramilitar y guerrillera. La gente clama la ayuda y la atención de las autoridades departamentales de Gobierno y de Policía. Este editorial hace eco de sus pedidos.
Igual sucede con la seguridad en las calles de Medellín, en donde el fleteo en entidades bancarias y centros comerciales está disparado. Acaban de darle tres tiros al auto blindado de un reconocido jugador de fútbol en un ataque que tendría como objetivo despojarlo de un retiro de efectivo en un banco del occidente de la ciudad.
Obligan también estas líneas las constantes balaceras entre combos delincuenciales de los barrios de la periferia, concretamente en las comunas 8 y 13, donde han atacado buses, taxistas, despachadores. La microextorsión allí es pan de cada día y hay cifras alarmantes de desplazamiento intraurbano durante 2013: 100 familias desalojadas, según estadísticas de la Personería de Medellín.
Basta mirar los comentarios que hacen, en nuestra edición electrónica, los habitantes del Nordeste de Antioquia y de las mencionadas barriadas de Medellín para entender la dimensión de sus preocupaciones y de su zozobra cotidiana: fronteras invisibles, asesinatos selectivos, deserciones del sistema escolar, limitaciones a la movilidad y vacunas desbordadas al comercio mediano y pequeño.
Queremos ponernos en las botas de ellos. Ser agentes transmisores de sus inquietudes y demandas en materia de seguridad. Entendemos el esfuerzo juicioso y sostenido que hacen Alcaldía, Gobernación, Policía y Ejército para contener tantísimos y variopintos fenómenos de criminalidad que afectan la ciudad, la región y el país, pero no debemos desde esta tribuna dar por terminada la tarea de perfeccionamiento y eficacia de los planes de seguridad para nuestra gente.
Deseamos, con ánimo constructivo, dar alertas tempranas para que las arremetidas de la delincuencia organizada y común no echen al traste los esfuerzos que durante tres décadas vienen haciendo los gobiernos local y departamental para descolgar aquellas estadísticas negras que nos agobiaron y nos trajeron tantos estigmas y sufrimiento. Tantas pérdidas.
Hacemos un llamado, respetuoso y firme, para que nuestro aparato institucional de seguridad despliegue lo mejor de sus recursos y hombres en este momento en que asoman fenómenos de violencia muy inquietantes y reiterados.
Y, como siempre, también reclamamos el compromiso de la ciudadanía para que denuncie y facilite las acciones disuasivas y judiciales de las autoridades en una labor compleja y de largo aliento. No fuera más que un puñado de criminales erosionen y desbaraten los importantes logros que en convivencia y seguridad hemos obtenido tras años de lucha contra la violencia y la delincuencia.
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