La venta de electrodomésticos por parte de EPM no es un programa que logre fácil consenso y seguramente en el seno de su junta directiva fueron muchas las consideraciones antes de su aprobación, pues representa un frente nuevo de negocios, sin apartarse de su objeto social como empresa de servicios públicos.
La financiación de bienes no es algo ajeno a la entidad oficial que en el pasado financió desde el aparato telefónico hasta el calentador de gas o la estufa y computadores para el acceso a su servicio de internet. La novedad está en la variedad de electrodomésticos, en lo masivo de la propuesta (que en marzo se evaluará si se extiende o no a todos sus usuarios) y en la modalidad del negocio, pues debió constituir un fondo autónomo de 60 mil millones de pesos que manejará el consorcio integrado por el Banco de Bogotá y el Bbva, a través de un contrato de fiducia mercantil.
El mayor punto a favor de este plan social de financiación de electrodomésticos tiene que ver con el respaldo que EPM ha recibido del Banco Interamericano de Desarrollo a través de su programa Oportunidades para las Mayorías, que le aportará 10 millones de dólares. Tras la presentación de los resultados que se hará en Medellín en su próxima asamblea, el BID posiblemente lo acoja a nivel regional como un proyecto modelo, en algo que algunos críticos podrán ver como una continuación de "la revolución de las expectativas crecientes", tan aplicada en América Latina, para intentar superar fenómenos asociados al subdesarrollo.
Se parte de la premisa de que tales electrodomésticos mejorarán la calidad de vida de los habitantes, lo que puede ser verdad con algunos de ellos, si bien otros podrían constituirse en bien suntuario para quien aún no tiene sus necesidades básicas resueltas. ¿Podría agravar esta financiación, por estimular esas expectativas de bienestar, el problema de los desconectados, cuya cifra alcanza los 51 mil en energía y 50 mil en aguas?
Nadie duda de la probidad de las personas que tienen a su cargo el manejo de los recursos en EPM y más cuando para este programa se creó la Oficina de Asesoría Comercial para apoyar a la Gerencia General, pero cabe preguntarse ¿si más allá del rédito comercial, la función social de EPM no estaría mejor orientada si se enfoca a soluciones que realmente contribuyan a mejorar la calidad de vida de sus usuarios como son, en su orden, la generación de empleo y la dotación de una vivienda digna (donde mucho ha hecho con su programa de Habilitación de viviendas, pero donde tanto falta por hacer, con un déficit de 39 mil viviendas en la ciudad?
EPM le pondrá su sello a una actividad que entrará a competir abiertamente con el comercio organizado y de ahí las inquietudes que se han generado entre los mismos comerciantes y el gremio mercantil ¿Hasta qué punto expone esto su marca, tan consolidada ya en el campo de los servicios públicos domiciliarios?
El programa apenas comienza y se iniciará con los "buenas pagas". Ojalá su mercado de 1.600.000 usuarios lo siga siendo y el nombre de EPM se consolide, asociado siempre al bienestar de los habitantes de Medellín y de las áreas donde presta sus servicios.
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