La educación es, sin lugar a dudas, la columna fundamental sobre la cual se construye la transformación social y económica de una Nación. Si queremos dar el gran salto en el desarrollo y competitividad del país y optimizar los índices de productividad, empleo y calidad de vida de su población, debemos hacer una apuesta seria en mejorar la educación, en todos los niveles desde jardín, transición y básica primaria hasta la media, técnica, tecnológica y superior.
Si bien es cierto que los indicadores de cobertura en educación básica y media muestran resultados más positivos que los de hace una década, sobre todo en los grandes centros urbanos, el panorama en la Colombia rural es bien diferente y aumentar estos índices es un reto prioritario si queremos alcanzar un importante nivel de desarrollo y equidad.
En cuanto a la calidad de la educación, el panorama es diferente. Al comparar nuestros indicadores en relación a otros países, incluyendo los de América Latina, los resultados son más que desalentadores. Aquí tenemos una ardua tarea por ejecutar, pues estamos por debajo de los niveles mínimos requeridos para poder aspirar a ser competitivos en el escenario mundial, según lo confirman los bajos resultados obtenidos en las pruebas Pisa (Programme for International Student Assesment) y las pruebas Saber aplicadas por el Icfes.
Para mejorar la calidad de nuestra educación, y no sólo la cobertura, es necesario:
-Definir una política educativa que incentive la investigación y tome como punto de partida la cultura y las necesidades del país.
-Evaluar la conveniencia de tener una jornada escolar completa.
-Poner en marcha acciones concretas que permitan atraer los mejores talentos para el ejercicio de la docencia.
-Revisar el sistema de remuneración para los maestros, según evaluaciones de desempeño objetivas y rigurosas.
-Manejar con rigor los reconocimientos para las instituciones de educación que obtengan niveles de desempeño superiores y puedan sostenerlo en el tiempo.
-Exigir planes de mejoramiento efectivos para las instituciones oficiales y privadas con bajos niveles de calidad.
-Nivelar la calidad de la educación de los colegios oficiales, especialmente en los niveles de básica y media, haciéndola competitiva frente a los colegios privados.
-Promover la formación para el empleo de buena calidad desde el nivel medio y técnico para que los jóvenes encuentren posibilidades reales de vinculación al sistema productivo, una vez terminados sus estudios.
-Revisar en detalle la calidad y pertinencia de la educación impartida a los futuros maestros, considerando que aproximadamente el 75 por ciento de los docentes son bachilleres normalistas o licenciados en educación.
Es claro que la educación en nuestro país presenta asimetrías notorias, no sólo entre los estratos socio-económicos sino también entre las ciudades y el campo. Es así como los jóvenes que reciben su formación académica en los centros urbanos obtienen desempeños superiores con relación a los que estudian en las zonas rurales.
Por otra parte, los estudiantes de los estratos socio económicos más altos presentan, generalmente, mejores resultados académicos que los que pertenecen a los estratos socio económicos bajos. De ahí que es urgente revisar el sistema de educación y su estructura funcional, como punto de partida para definir luego el plan de acción que permita corregir las deficiencias del actual esquema de formación.
*Director de la Especialización Gerencia de Proyectos de la Escuela de Ingeniería de Antioquia.
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