Una de las primeras palabras que aprendemos a pronunciar: ma, mamá, mami... Seguro ya viene inscrita en nuestro ADN de afecto y compañía. ¡Y para siempre!
Ella es el halo fundamental de nuestras vidas, faro, guía o amoroso llamado de atención.
Este domingo nos ofrece la oportunidad de decírselo, de hacerlo con un abrazo y de mientras la estrechamos contarle cuánto la queremos y el significado que tiene en nuestras vidas.
Y para las madres que ya no están con su presencia física, ofrezcamos hoy una oración a manera de memoria, homenaje y gratitud, para que su compañía espiritual nunca nos abandone.
No sobra un recorderis para los hijos: el motivo del festejo de hoy tiene mejor sabor desde el afecto, la cordialidad en casa y la sobriedad.
Que sea un verdadero Día de la Madre, un día para ellas, por ellas y con ellas.
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