No hay que pedirle peras al olmo, dice el refranero popular. Pero que las Farc siembren el territorio nacional con sus minas antipersonal y se las cobren a los campesinos que por accidente las pisan, es aberrante y demanda un rechazo generalizado.
Los testimonios de quienes han sido víctimas de estos artefactos coinciden en que a veces ni siquiera pueden acudir a los hospitales, porque temen que las Farc se den cuenta de que pisaron una mina y se las cobren. El precio, según Inteligencia Militar, oscila entre 700 mil y un millón de pesos.
No hay derecho. Los subversivos argumentan que tienen que cobrar por esas minas, porque estas están dirigidas es contra las Fuerzas Armadas y no pueden perder "la inversión". De locos.
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