Hoy Mineros S.A. es una empresa sólida de 1.600 empleados, líder nacional en la producción de oro, nada más en 2012 extrajo 118.000 onzas (3,68 toneladas), un patrimonio de medio billón de pesos, ingresos en el primer semestre del año por 149 mil millones, ganancias por 48.811 millones, y dueña desde marzo pasado de la mayor minera de Nicaragua (Hemco).
Después de tanto, quién creyera que en sus casi 40 años de minería de aluvión en las orillas del río Nechí, en el Bajo Cauca antioqueño, varias veces se vio al borde de cerrar.
Y sí, en Mineros, como diría la frase de cajón, no todo lo que brilla es oro, pero tampoco es lo único que brilla en esta compañía listada en la Bolsa de Valores de Colombia y que a junio pasado tenía 1.979 accionistas, el mayor de ellos, el Grupo Colpatria.
De hecho, la historia que empezó en julio de 1976 no ha sido para nada una suerte de versión contemporánea de la Leyenda de El Dorado de los Muiscas. Al contrario, junto a las pepitas del mineral precioso también han emergido las dificultades de hacer empresa en medio del asedio de la guerrilla que en los ochentas y noventas se ensañaron en truncar el éxito de Mineros.
Pero la empresa nunca cedió a las pretensiones extorsivas del ELN y las Farc, pese a secuestros, retenciones, hundimiento de dragas, voladura de cientos de torres de energía y hasta la quema de bosques que eran parte de la compensación ambiental, tema en que la compañía se convirtió en pionera y modelo en el país.
Las dificultades venían desde antes, pues para 1976 los ingresos no alcanzaban a cubrir los costos de producción, en un negocio que la exageración paisa llevó a catalogar como “el menos malo de los negocios malos” y donde se depende tanto del precios del oro en la bolsa de Nueva York como de los niveles del agua del río Nechí.
Un arranque difícil
Incluso así, a los gringos de la International Mining Co, se les apareció la virgen cuando un grupo de inversionistas nacionales conformaron Mineros Colombianos y les compraron barato en julio de ese año, 1976, sus activos en El Bagre, la Pato Consolidated Gold Dredging, que funcionaba desde 1906, y la Chocó Pacific, las cuales pasaron a llamarse Mineros de Antioquia y Mineros del Chocó. Esta última cerró al poco tiempo y la primera pasó a llamarse solo Mineros desde 2004.
“Le cuentan a uno que la empresa que se recibió era casi de pedir limosna. La doctora Beatriz Uribe Restrepo (presidenta desde 2000 y con 39 años en la compañía), hacía milagros desde la Gerencia Financiera en Medellín para poder mantener a flote a la empresa en El Bagre”, comenta el ingeniero de minas Rafael Roldán Jiménez, gerente de Operaciones desde 1990 y vinculado en 1979.
Para ese año, los registros históricos de Mineros de Antioquia, señalan que las ventas se habían cuadruplicado en cuatro años hasta 555 millones de pesos de la época y la utilidad era de apenas 55,3 millones de pesos.
Con ajustes y mejoramientos en la operación, después de reconstruir con el ingenio criollo dos dragas, al tiempo que había unos mejores precios internacionales del metal, a principios de la década de la empresa tomó mejor rumbo, sin dejar de sortear problemas internos y externos. En 1983, la empresa tuvo una huelga laboral de 51 días y sufrió una cruenta toma guerrillera de El Bagre, incluido su campamento principal.
“Querían acabar a Mineros”
“Trabajábamos con miedo, pero nunca nos ‘arrugamos’ ante las amenazas de la guerrilla. Por cada tres torres que parábamos (reparaban) los trabajadores, el ELN tumbaba otras cuatro y en Providencia (central hidroeléctrica propia) nos mataron a un compañero. Nos retuvieron varias veces para reclamarnos que por qué defendíamos la empresa y les respondíamos que defendíamos nuestro empleo y las regalías que servían para la región”, recuerda Luis Morales López, quien entró a trabajar en Mineros hace 33 años y hoy es presidente nacional de Sintramienergética, sindicato de la empresa y de la industria.
En condiciones tan complejas, coinciden Rafael y Luis, trabajadores y directivas tuvieron una alianza tácita por sacar adelante a la empresa, aunque en 1989 la operación se vio al borde de la parálisis total por un ataque vandálico sistemático de la guerrilla.
El apoyo de la entonces exigua Fuerza Pública y el Ejército, así como la solidaridad de la comunidad y de los cerca de 400 operarios de entonces, más sus familias, permitieron salvar del cierre a Mineros.
Con ese ejemplo de valentía, los trabajadores, postulados por la empresa, recibieron en 1990 el galardón Mundo de Oro, dado por ese medio de la capital antioqueña.
Ese mismo año pasó algo inaudito. Cerrada toda posibilidad de acuerdo para firmar la convención colectiva, el sindicato ya estaba decidido a ir a la huelga. Al final, el entonces presidente de la empresa, Juan Fernando Rico García, se sentó con Luis y sus compañeros para intentar acordar el incremento del salario en tiempos en que la inflación anual superaba el 26 por ciento.
“Le dijimos, Dr. Rico, nuestra petición es que el aumento para el primer año sea de 29,5 por ciento o nos vamos a la huelga. Él se paró y nos respondió: ‘ni por el verraco les voy a dar eso, el aumento es de 31,5 por ciento’. Nos quedamos fríos y firmamos la mejor convención de la historia”, recuerda entre carcajadas el líder sindical.
Crecer con gotas de sudor
Y así, sobrellevando los efectos de los ataques de la guerrilla, con un grupo de trabajadores comprometido pero que igual entró a huelga en varias ocasiones, la empresa no se detuvo ante los embates.
La empresa adquirió una mina de veta en Marmato (Caldas) en 1993 (vendida hace tres años a GranColombia Gold), al tiempo que el ingenio cultivado por décadas permitió reparar dragas y construir otras hasta tener hoy cinco de producción y siete de succión en las orillas del Nechí.
La década pasada retribuyó con altos precios internacionales, ahora venidos a menos, y premios por la gestión social y ambiental, fruto de lo labrado por años en modernización de la operación y aplicación de estándares internacionales (ver “Llegan los buenos...”).
De esa historia más reciente ha sido testigo Juan Carlos López Gallego, quien entró como soldador y, luego de 19 años, ya es tecnólogo en mantenimiento en mecánica industrial, apoyado por la empresa.
“Me siento orgulloso de estar en Mineros, no solo por permitirme estudiar y sacar adelante a mi familia, sino porque me enseña que no hay que doblegarse ante las dificultades, por eso estaré feliz de celebrar los 40 años de la empresa en 2014 y yo mis 20 en ella”, finaliza Juan Carlos con una sonrisa.
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