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EPM, multilatina de 58 años que arrancó con 67 millones de pesos

Empresas Públicas de Medellín, una excepción a la norma de las entidades oficiales que escribe su crecimiento con la tinta de la eficiencia y autonomía ante intereses políticos.

  • EPM emprendió en 1960 un plan de expansión del acueducto de Medellín que continuó Diego Calle en todo el valle de Aburrá. Hoy la escala de las obras es otra y en la gerencia de Juan Esteban Calle avanzan las obras de la central hidroeléctrica Ituango.
    EPM emprendió en 1960 un plan de expansión del acueducto de Medellín que continuó Diego Calle en todo el valle de Aburrá. Hoy la escala de las obras es otra y en la gerencia de Juan Esteban Calle avanzan las obras de la central hidroeléctrica Ituango.
21 de junio de 2013
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Resulta difícil creer que una empresa multilatina con 55 filiales nacionales e internacionales, 13.219 empleados, más de 20 millones de clientes y que triplicó sus activos en los últimos 7 años, hasta 31,23 billones de pesos, haya comenzado a escribir su historia hace 58 años con solo 67 millones de pesos.

Ese fue el único capital que ha aportado su dueño, el Municipio de Medellín, desde ese 6 de agosto de 1955, cuando se expidió el Acuerdo que dio vida a Empresas Públicas de Medellín (EPM) como un ente autónomo y responsable de los servicios de luz, agua, alcantarillado y teléfono para una ciudad naciente de 500 mil habitantes.

Los que más presionaron para que EPM estuviera al margen de toda marrulla política fueron los industriales que urgían de un mejor servicio de energía para asegurar la expansión de sus empresas, mientras el 20 por ciento de los medellinenses seguían sin el servicio de agua potable y solo había cinco teléfonos por cada 100 habitantes. La tarea era titánica para el ingeniero Óscar Baquero Pinillos, primer gerente de la reconocida como “EE.PP.MM”.

Desde entonces, el crecimiento de “las empresas” se escribió sobre y debajo del suelo de la ciudad a medida que crecía hacia el sur y sobre las llanuras de Otrabanda, centro occidente de la ciudad, después de corregirle el curso caprichoso al río Medellín.

Un arranque vigoroso
Corría 1956 y desde el edificio Miguel de Aguinaga se comenzó a direccionar el futuro de “las empresas”. Un primer paso fue unificar la facturación, en 1961 y buscar los recursos para las obras que debía acometer, que la llevó a buscar créditos con la banca multilateral, en Washington, para responder a la demanda de energía, su mayor negocio.

Pero, mientras crecía, arreciaron los vientos políticos a comienzos de la década de los70, cuando la Anapo, del general Gustavo Rojas Pinilla, ganó presencia en el Concejo local y eso le restó autonomía administrativa a EPM, cuando se congelaron tarifas por un lustro que, en medio de millonarios compromisos financieros, casi la llevan a la quiebra, en 1975. Ese difícil momento lo vivió Óscar Grisales Rendón, segundo empleado más antiguo de EPM.

Ingresó en 1968, a sus 21 años, como repartidor de cuentas, en tiempos en que El Poblado era un puñado de fincas donde tenía que correrle a los perros para entregar la factura. “Fue una época muy difícil, hacíamos fuerza cada mes para que nos pagaran, pero quien corrigió el curso de ‘las empresas’ fue el doctor Diego Calle Restrepo, un visionario por el que hoy EPM es lo que es”, afirma este veterano que hoy lidera el área de Logística y Transporte.

El papá visionario de EPM Calle llegó en junio de 1976 a poner orden y retomar el rumbo con la experiencia ganada como ministro de Hacienda, director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), senador y Gobernador de Antioquia.

Este economista corpulento y de pensamiento social conjuró una huelga de 37 días, lidió con la bomba social que crecía entorno a las obras de la central de Guatapé y el reasentamiento en el llamado Nuevo Peñol, al tiempo que abrió de nuevo el crédito con la banca internacional y reorganizó la empresa.

Junto a él, como una sombra silenciosa estaba María Victoria Uribe, su secretaria personal, al igual que con los últimos siete gerentes hasta el actual, Juan Esteban, también de apellido Calle. “Un día el doctor Diego nos llevó a las secretarias del piso 8 (de la sede del centro) a conocer las obras en Guatapé. Para él era importante que supiéramos en qué estaba la empresa. Y siempre decía: ‘aquí se puede meter la pata, pero no la mano’. Era vertical cuando de deshonestidades se trataba, pero un padre de corazón grande”, comenta con emoción María Victoria.

Tiempos de expansión
De ahí en adelante, estrenando en 1994 una ley de servicios públicos, EPM le hizo frente a la fuerte competencia y comenzó una senda de expansiones mientras se levantaba el “edificio inteligente”, hasta entonces, único en el país. Ese megaobra de 13 pisos, alberga hoy a 3.700 empleados y desde allí se ha dirigido la consolidación de EPM como la principal empresade servicios públicos.

También se recuerda que hace poco tuvo tres gerentes en una sola Alcaldía y su autonomía volvió a ser tocada por decisiones desacertadas y escándalos como el de una vajilla que nunca se compró.

Y María Victoria recuerda que “muchas decisiones importantes venían desde afuera. A uno le dolía que hablaran mal de una empresa que siempre se caracterizó por su transparencia”. Pero eso ya es historia.

Los últimos tres gerentes, -Juan Felipe Gaviria, Federico Restrepo Posada y Juan Esteban Calle-, han sido motores de decisiones que han permitido la expansión sostenible y rentable del Grupo EPM.

Al tiempo, la huella social de EPM se extendió por todo el departamento con más electrificación, agua potable, gas y un ambicioso plan social en áreas de influencia de sus proyectos, como Ituango, la que será la central más grande del país, con sus 2.400 megavatios de capacidad.

Todo esto se refleja en las cifra financieras, al punto que anticipó cuatro años la meta grande y ambiciosa (mega) de alcanzar ingresos por 5.000 millones de dólares en 2015. A finales de 2011, la “joya de la corona”, alcanzó 6.013 millones de dólares, unos 10,67 billones de pesos, equivalente al presupuesto del Municipio de Medellín para cuatro años.

Y siguen los desafíos: en Ituango emplea 4.600 personas, avanza en la planta de tratamiento de aguas residuales, adquirió a Empresas Varias, llegó a Chile con energía eólica y a México en aguas residuales y tiene en la mira a Perú.

El Grupo EPM, que nació en 1955 con 67 millones de pesos, le girará a su dueño 964.557 millones de pesos en 2013 y planea ingresos por 16.000 millones de dólares en 2022 y ser una de las 50 empresas más grandes de América Latina... Soplan buenos vientos para que así sea.

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