Sin jugadoras en la Copa Federación, tampoco en el ranquin mundial. Las mujeres antioqueñas desaparecieron del tenis profesional.
Mientras en Curitiba, Brasil, se juega la Copa Federación, con una bogotana (Mariana Duque), una caleña (Yuliana Lizarazo) y una pereirana (Catalina Castaño), la pregunta sobresale: ¿dónde quedaron las paisas?
Actualmente, entre las seis colombianas que aparecen en el ranquin de la WTA no hay paisas. Es más, entre las 32 registradas, que unas no tienen escalafón, tampoco hay profesionales del departamento. Obvio, no hay en seleccionados de mayores.
"Nuestras tenistas desertan muy rápido, pues no hay los patrocinadores para que sigan su camino o que los padres estén atrás para afrontar una costosa carrera profesional. Además, hay cierto desinterés en la edad de volverse a la carrera", explica Ignacio Arroyave, excapitán del equipo de Copa Federación, y entrenador de las selecciones antioqueñas.
Para Carolina Escamilla, que jugó Fed Cup de 2003, y quien se decidió por una universidad en Estados Unidos antes del camino profesional, los hombres son más arriesgados. "Muchos pueden seguir como profesionales por años, pero en las mujeres siempre va a depender de un patrocinio, sin él es difícil", explica Escamilla, quien hace un año regresó a Colombia. Sin ella y otro puñado, Antioquia se quedó en blanco en el tenis femenino nacional.
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