El torneo colombiano, así muchos críticos lo descalifiquen, tiene en la actualidad uno de los mejores promedios de gol de Suramérica: 2,7 tantos por partido.
Inclusive, por encima del campeonato argentino que en la edición pasada coronó a Newell’s Old Boys con Tata Martino como director técnico, y que registró 435 anotaciones, para una media de 2,2 por encuentro.
Al finalizar este año se podría llegar al gol 60.000, pues hasta antes de iniciarse la cuarta fecha de la Liga Postobón-2 iban 59.543, cifra que recoge los festejos entre 1948 y 2013.
Y todo gracias a la efectividad de artilleros nacionales y extranjeros, con predominio de los criollos, a pesar de que Germán Cano (DIM) recibió el Botín de Oro en diciembre del año pasado y hoy el líder de goleadores sea el gaucho Silvio González (Santa Fe).
Y es que en la retina del aficionado aún está presente la efecacia de Wílder Medina, transferido al Barcelona de Ecuador, tras salir como máximo artillero en julio pasado, con 12 dianas. Édison Toloza, Fredy Montero, Edward Jiménez y Víctor Cortés también brillaron.
Pero, ¿a qué atribuyen los propios protagonistas esta evolución? La mayoría, como Fernando Uribe, Marco Pérez y otros delanteros que ya experimentaron, aducen estos atributos a la técnica, la velocidad y la potencias de los jugadores, dones innatos que han pulido desde las categorías menores. Pero también, como lo asegura, Carlos Paniagua, asistente de la Selección juvenil, a la presencia de técnicos que entendieron que la esencia del fútbol es el gol.
No en vano y como premio a esa tendencia ofensiva, Colombia cuenta con representantes que brillan en las principales ligas del mundo, como Falcao, Jackson, Muriel, Bacca, Pabón y Teo que, de paso, tienen al país ad portas del regreso al Mundial. ¡Golazoooooo!