Delante de extraños que silbaban y echaban piropos mientras desfilaba por una pasarela de arena, descubrió que las respuestas de reina no eran tan bobas como todo el mundo piensa.
Del sobre que mandó el jurado calificador a las cinco finalistas, le tocó la pregunta más difícil para llevarse el título del reinado de la tercera edad: "¿A quién quiere más, a los hijos o a los nietos?"
"Eh, mm" balbuceó inicialmente cuando recordó al primer hombre que la hizo madre y al segundo esposo que la conoció de abuela. Luego respondió con libertad porque todos los miembros de su familia estaban ausentes y cualquier testigo sería un desconocido. "Bueno, primero que todo...".
El público gritó con ímpetu, se agitaron los bastones y las muletas, el oxígeno salió con premura de sus tanques, una silla de ruedas dio la vuelta y el temblor de manos de los compañeros de viaje se fundió en un aplauso.
Las enfermeras, el conductor y la guía de Kocun Tours también se sumaron al jolgorio cuando doña Gloria recibió la corona de las manos de otra anciana que el año anterior había sido la ganadora de la excursión de viudos y viudas, asmáticos y diabéticas, al fin de cuentas solitarios que, por primera vez o después de muchos años, salían de paseo en su vejez.
Durante la ruta hacia la costa Atlántica hay estaciones dispuestas para quienes desean esparcir las cenizas del cónyuge recién difunto. Varios se piden la ventanilla y, con el presagio de que ese será su último viaje, se despiden de la vida a lo largo de la carretera.
Cuando llegan al destino, los discapacitados se sientan a la orilla de las sosegadas aguas del Golfo de Morrosquillo a que les acaricien las partes del cuerpo que dejaron de sentir. A los desjuiciados les decomisan los saleros desde el desayuno, el postre al almuerzo y, a la hora de la cena, la comida chatarra.
Prohibidos el licor y el cigarrillo y obligatoria la hora de la droga, la toma de la presión y la medición del azúcar. A todos y más aún a los hipertensos les recomiendan evitar el vértigo y las atracciones marinas. Los que aún no sienten su corazón arrugado, abordan ese bus con la fe de encontrar un gran amor de ocaso. Según Hilda Ramírez, directora de la agencia, de cientos de abuelos viajeros inscritos en la base de datos, cuyas edades oscilan entre los 60 y 92 años, "ya han salido unas cuantas parejas".
Solitarios del mundo
Cada septiembre del año hay un festival en Cuba donde llegan solos y solas de todas partes del mundo a concentrarse en un hotel de Varadero que se especializó en la atención de solteros.
Antes de partir, los entrenan en mañas de atracción porque al comprar el tiquete dan por sentado que, durante siete días y seis noches, estarán de cacería. "Aliméntese estratégicamente, déle la espalda a la pared y no lleve libros - Recomienda una guía - Procure sentarse en la barra para establecer contacto visual con otros comensales".
No habrá chance de invitar a un trago, tampoco a una cena ni estarán pendientes de la cuenta porque cada uno ya pagó el paquete que lo tiene todo incluido. Luego de las palabras de bienvenida comenzará la presentación de "los súper solteros". El equipo de animación tiene todo programado para que los cientos de huéspedes de 25 a 40 años regresen a sus países con esos amores de pendejos que funcionan de lejos.
Después de preámbulos en la piscina y en el centro histórico de La Habana, el tercer día hay rumba en pijama. En el quinto, una cena de gala con langosta, show romántico y fiesta en toga. A lo largo del sexto, premian al bikini más original y al mejor escultor de arena. El séptimo amanecen despiertos de frente al cielo. Y antes de regresar, hay 'concierto de llantos' en el lobby y tienen que intercambiar teléfonos y correos electrónicos en el salón social del hotel. Cabe anotar que la agencia no se responsabiliza si, luego de involucrarse con alguien, descubre que el supuesto soltero era un infiltrado casado en el paseo.
Cada solo con su cuento
"Así como a las quinceañeras les gusta brincar y enloquecerse en los paseos, a Europa va gente adulta que huye de integraciones y evita sitios donde haya muchachitos haciendo pataleta y berrinche-dice Jairo León Palacio, agente de Over Viajes Rutassa- el turismo ya no limita a viajar con el papá, la mamá y la suegra".
Le llegan señores aburridos que no quieren viajar con la familia y desean replantear su vida. "Recomendame un destino donde yo no me tenga que afeitar, me mantenga en pantaloneta y me pueda leer dos libros" le expresan.
Machu Pichu es el destino favorito de ermitaños en temporada fría. Los que necesitan un viaje para tomar una decisión eligen a Grecia. Al Caribe zarpan cruceros repletos de secretarias en abril y en mayo están al tope de madres solteras y divorciadas.
"Váyase sola que a mí no me gusta" le dicen los maridos a sus señoras o "no puedo, tengo que trabajar" les responden a otras. Según Patricia, operadora de Univiajes, ha aumentado la tendencia de viajar sin compañía y son más las mujeres las que se están inscribiendo en excursiones.
De un grupo de 35 personas solas con destino el Medio Oriente, Tierra Santa o África, 30 son mujeres y solo 5 son hombres. "¿No tiene con quién viajar? -pregunta Patricia- aquí le consigo con quién para que le salga más barato".
Largo circuito
De un padre que se dispersaba en camiones por las cordilleras, una madre que se perdía en sí misma y una hermana mayor que siempre conservó la distancia como si los años fueran kilómetros, solo pudo salir un John Jairo con la soledad en la sangre.
Cuando llegó a la agencia de viajes tenía tres cosas claras. Quería evadirse del mundo, escapar de lo cotidiano y sería preciso un lugar lejano. Partiría sin compañía "para tener la libertad de tomar una decisión de vida, quizá enamorarse de una mujer y traérsela". Y aunque tuviera que pagar un excedente por una cama doble semivacía, "no dormiría en la misma habitación de 20 marroquíes, 2 franceses y otro colombiano sin saber cuál de todos olía peor".
Compró el paquete del todo incluido con destellos de media decena de estrellas durante todo el circuito, únicamente se despidió del taxista que lo dejó en el José María Córdova y abordó el vuelo que lo llevaría a la Ruta de Alejandro Magno donde recrearía los caminos recorridos de la mano de los libros y sus personajes que fueron historia en Egipto.
En el aeropuerto de El Cairo, alguien de la agencia de viajes local le daría la bienvenida y lo estaría esperando con un cartelito que dijera su nombre. Luego de aterrizar, no escuchó algún saludo en árabe, en inglés y mucho menos en español, nadie salió a recibirlo y ese sería el primer desengaño en la lista de desventuras.
Tuvo una guía sólo para él. Una egipcia joven y recatada con dotes de monja que hacía su práctica en turismo y hablaba poco español, no porque no lo supiera sino porque era tan parca como él. "¿Cómo te parece?" le preguntó la guía extasiada cuando llegaron al oasis de Siwa en medio del desierto luego de más de cinco horas de camino. "Normal-respondió John-... mi país es un oasis". Tampoco le causó gracia el mediterráneo, "era como viajar de Santa Marta a Barranquilla". Le pareció que la biblioteca de Alejandría no era más que cualquiera de los Parques Biblioteca de Medellín. Y cuando estuvo delante de las pirámides pensó "lástima tanta gente en el paisaje".
Dependió del peatón de turno y del turista desprevenido para que lo fotografiaran y dejaran constancia de su paso por los monumentos de lejos y de esa desazón de cerca que revelaba su rostro. No parecía que fuera su primera vez en la Tumba del Cocodrilo, en el oráculo de Amón-Ra o en los baños de Cleopatra.
En realidad, la belleza de cada sitio le reiteraba su soledad y le distorsionaba la mirada. "¿Por qué en la vida estoy solo?" se preguntó a sí mismo al no tener con quien compartir una reflexión. Con alguien habría salido a caminar de noche o su cuerpo habría conocido la temperatura del oasis, "pero solo me dio pereza".
Hasta el décimo cuarto día en que por fin regresó a su tierra registró en su bitácora del desencanto cada frase que se quedó por decir. Llegó de noche, el amigo taxista le dio la bienvenida y, antes de acostarse para madrugar a las cinco de la mañana a la oficina, concluyó que "no era más allá de los mares donde se encontraban las maravillas".
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