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El empresarismo es la vía

24 de agosto de 2008
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El ministro de Comercio, Industria y Turismo, Luis Guillermo Plata, anunció el nuevo marco para el desarrollo empresarial dirigido a transformar a Colombia en un país de ingresos medios en las próximas dos décadas. Éste es un paso importante, pues los estudios muestran que los países que no tienen una política industrial con un plan de largo plazo para el desarrollo de su sector productivo no entran en la senda del crecimiento y la inclusión social.

El cambio en el enfoque es radical. La política industrial cayó en desgracia en razón de las distorsiones de las políticas de sustitución de importaciones y economías cerradas que aplicaron los países latinoamericanos en las décadas del 60 al 80.

A principios de los noventa un ministro de Desarrollo decía que la mejor política industrial era no tenerla. Era cierto si las medidas eran como las de los países latinoamericanos que generaron ineficiencia, corrupción, monopolios y rentismo. Pero falso, si las políticas eran como las de países que crecieron de forma acelerada.

Las políticas industriales exitosas aplicadas en el suroeste asiático, Irlanda, España e Israel mostraron que las sociedades pueden implementar estrategias que promuevan nuevas actividades de mayor valor. Como señaló Richard Nelson, el secreto en estos procesos fue aprender, innovar y emprender. En esos países los aparatos productivos se multiplicaron por cinco o más en el término de unas décadas con la creación y expansión de cientos de empresas.

La nueva política industrial ha sido impulsada y concebida académicamente principalmente por Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard. Sostiene que las sociedades deben resolver dos requerimientos para acelerar sus procesos de aprendizaje de nuevas actividades empresariales, el costo de innovar y el de coordinar la creación de empresas.

La evidencia empírica y la robustez teórica de las propuestas de una nueva política industrial ha permitido que el país haya dado un giro importante en los dos últimos años en sus políticas de promoción empresarial y de competitividad. Lo que antes estaba proscrito ahora es la base de una nueva política que nos debe llevar a un proceso de transformación social desde la construcción de nuevas capacidades empresariales.

Todavía falta mucho para que este sea una país concebido desde las potencialidades y capacidades de su propia sociedad y no desde el supuesto del Estado mesiánico latinoamericano. Aún se tiene exceso de paternalismo y asistencialismo estatal, que se traduce en decenas de instituciones, leyes y mecanismos que restringen la creación de empresas y hacen que el país esté muy abajo, igual que casi todos los latinoamericanos, en los escalafones de competitividad, desarrollo y calidad de vida.

Antioquia tiene que ser líder en el aprovechamiento de este nuevo marco de promoción del desarrollo empresarial. En los últimos cinco años Antioquia se ha movilizado en esta dirección y hoy somos líderes en exportaciones con valor agregado, fruto de la investigación, la innovación y el emprendimiento. Pero nos falta multiplicar varias veces el esfuerzo realizado en solitario. Por eso debemos aprovechar intensamente el nuevo marco que se propone a nivel nacional.

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